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domingo, 23 de septiembre de 2018

LES BARRAQUES. BENICASSIM


He aquí a unos esforzados pioneros en el arte de cocinar paellas. Mi memoria me falla y solo recuerda las figuras, y no todas. El del medio seguro que si la foto estuviera más clara, también lo reconocería. Debe ser el otro cuñado; en esta caso la mujer del dueño, Maricarmen, era hermana de la suya. (Salía despavorida de la cocina cuando la cosa se ponía al rojo vivo y yo soltaba algún mecaguental).



El del fondo, por su figura, es Pepe, el marido de la señora paellera (me han soplado que era la señora Asunción). Hermano de Vicente.  Joder con las peloteras -bueno, discusiones sin más repercusión- que tuve con ella y no logro acordarme. Yo era el jefe de cocina y ella pretendía subirse en mi chepa y gobernar el cotarro y claro, debía pararle los pies; incluso su cuñado -con buenas palabras-, porque era de armas tomar.

Este negocio partió de cero. El dueño, Vicente, estuvo de camarero en el mismo establecimiento que yo el año anterior. Restaurante Plaza; el dueño, buena gente. Al año siguiente, me uní a él y tragué más humo que los ratones con el fuego de las paellas. La puñetera chimenea no estaba bien diseñada y "no tragaba". La labor de los "paelladors", fue inestimable.

Y no veas la cabronada que significaba que a las once y media de la noche, cuando estabas hasta los mismísimos de paellas y demás peticiones, te llegaban unos cabrones, generalmente madrileños de esos de la gorrita de almirante, pidiendo una paella. Te acordabas de sus muertos y había que revivir el fuego para dar gusto a aquellos mamones. Al fin y al cabo, el negocio era corto y había que aprovecharlo. 

Si vais a Benicassim o vivís cerca, pasaros por allí, os aseguro que comeréis la auténtica paella valenciana hecha con leña, no con butano ni al horno.

Ese año,1971, cuando acabó la temporada, no volví a trabajar más de cuiner. Pero la cocina dejó huella en mí.

Mi emocionado recuerdo para ellos. Alguno desaparecido.

PD.- El hotel Montreal, es de un sobrino de Maricarmen. Y sus hijos, a la muerte de su padre, Vicente, traspasaron Les Barraques y se han quedado con un hotel aledaño. Todo queda en casa. Terrenos de viña de moscatel que ha endulzado la vida a los herederos.

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