Yo tengo un castillo matarile rile rile

viernes, 28 de septiembre de 2018

SOCIEDAD INVISIBLE. CUANTA MISERIA

Estos días, he comprobado lo difícil que es para muchas personas sobrevivir por lo que a continuación relato.

Alguien necesitado de un transporte y brazos para realizarlo, contrató a través de internet a quien se ofrecía para ejecutar la faena. Con cinco o seis contactos fallidos, encontró uno con el que acordó el trabajo. Ciertamente resultó duro por las circunstancias de acceso a los inmuebles; mal el originario mas peor el secundario. Siete pisos escaleras arriba pues los materiales -no todos- no cabían en el ascensor.

El "patrón" contratado resultó ser un julai que solo se dedicaba al trapicheo y conducir la fragoneta,  el trabajo lo realizaban dos personas con las que debía realizar este tipo de "chapuzas". Dos necesitados y explotados. Uno, según confesó, expresidiario por las denuncias de malos tratos de su mujer, se quejaba de que hacía once años que no veía a su hijo. Y por supuesto negaba esos malos tratos. Trabajaba en negro porque de lo contrario se lo quitaban -los otros, porque seguro habría más harían lo mismo-. El otro, trabajaba por las mañanas en una frutería y necesitaría más dinero.

El "patrón" era un calé valenciano muy campechano hasta que el contratante le dijo que era un coronel retirado de la guardia civil. Entonces se puso firme y serio. Como no es cuestión de relatar las dificultades y vicisitudes de tan engorroso traslado, diré que los viajes se prolongaron más de la cuenta y aumentó el precio. Cosa justa, sobre todo para los porteadores; pero sobre ellos no recayó ninguna mejora. Por estar tocándose los cojones sentado en el furgón mientras los otros sudaban la camiseta, el bribón cobró cuatrocientos cincuenta euros y a los currantes les dio ¡¡60 euros a cada uno por doce horas de trabajo DURO en dos tardes!! Y el segundo día, ni apareció.

Esta es la situación de gran parte de la sociedad invisible.

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