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domingo, 9 de septiembre de 2018

UN DÍA EN LAS CARRERAS

En honor a la verdad, no he estado nunca en algún evento que pueda denominarse así. Nunca he sentido ningún interés por ellas y las veo como aburridas. Una carrera de motos o de coches puede que sea divertida para los participantes pero para los mirones, no les encuentro aliciente. Cualesquiera otras que sean del mismo cariz, generan en mí la misma emoción.
Para carreras, las de algunos muertos de hambre además de vagos y maleantes. Han proliferado y colonizado la sociedad hasta la saciedad. Son el cáncer que corroe nuestra vitalidad como sociedad libre. La tienen amordazada y subyugada. No hay más que darse cuenta de lo que ocurre en Cataluña. Como unos ciudadanos que han sido esquilmados en la sanidad y la educación, siguen como borregos a quienes son artífices de esos desmanes. Una derecha medieval -esa sensación ya la tuve hace cincuenta años cuando conviví en esa tierra- que esclaviza a sus gentes maltratándolas y éstas, les siguen como borregos al matadero. Pero eso no solo ocurre en Cataluña, en el resto de España, ídem de ídem.
¿Como es posible que hayan aumentado exponencialmente los supermillonarios y millonarios mientras el resto de la sociedad se ha empobrecido y no haya habido una revolución que hubiera hecho rodar cabezas sin tiento? Porque somos eso, borregos caminando al matadero que si protestamos nos eliminan de mil maneras. Ley mordaza, justicia injusta, si miras mal a los caciques y sus mamporreros y sicarios o criticas sus acciones te acusan de fomentar el odio... La fuga de capitales, la evasión fiscal, el robo descarado por los políticos y sus partidos, las comisiones del emérito apandador, eso no es fomentar el odio, solo hacen patria, su patria.
Luego hay muchas gentes que se dicen intelectuales y no son más que pesebreros sin honor ni vergüenza. Solo hay que leer los periódicos digitales. Excepto un par de ellos o tres, el resto solo se dedican a atacar a los que pudieran poner en peligro sus prebendas y canonjías. No diré nada de los que directamente vierten mierda a mansalva. Y es que todo está no solo podrido sino momificado como el cadáver del dictador. Personajes inmundos y nauseabundos paseándose por los platós de TV y defecando en sus periódicos, son todo un síntoma de la salud mental de esta sociedad que traga cuanta mierda le echen.
Hablando de otra carrera, para el año que viene he sugerido al julai que monta los saraos medievales en el castillo, que organicen unas batallas entre isabelinos y carlistas. Los primeros se hicieron fuertes en el castillo y los segundos en el pueblo. Unos cabrones ambos: los primeros destruyeron la ermita de la Virgen de la Villeta para que no pudieran refugiarse los carlistas; estos miserables, en vista de que el castillo era inexpugnable, prendieron fuego a todos los archivos que en el ayuntamiento había. Y esto me lleva a la conclusión de que los pueblos que ignoran su historia, están obligados a repetirla. Aunque nosotros no tenemos la culpa de esa ignorancia.
Y si alguien quiere hacer turismo, comer buen jamón, trufa negra en Sarrión y con suerte setas y rebollones, pronto celebrarán la partida, en Teruel capital, de Juan Marcilla, novio de Isabel, hacia tierras moras en busca de fortuna. Cuando volvió, le habían bailado la novia; cosa que suele ocurrir cuando no se cultiva el huerto con la debida diligencia.
Un carrerón me parecería hacer una pira gigantesca con todos los escorpiones que en España son: que no quedara ninguno para general escarmiento y conciencia de los siglos venideros. Pero el género humano es un desecho, en general, sin remedio: las ovejas negras dominan al rebaño y los lobos las tienen amaestradas.
No hay que calentarse la cabeza: Dios la cagó pero a conciencia. Fracasó con Adán y Eva, cuyos hijos además de asesinos fueron incestuosos y después todavía más, pues ya tenía experiencia, cuando dejó vivos a Noé y su familia tras el Diluvio Universal. Aunque según algunas teorías, la tierra fue visitada y quizá colonizada por alienígenas. Esto ya sería para mear y no echar gota pero puede tener su explicación: si Dios la cagó, ¿porqué los extranjeros iban a hacerlo mejor?.

PD.- Hablando de generales, hay unos cuantos por ahí deseando volver a las andadas. ¿Haremos como Azaña, que sabiendo que el generalito y sus secuaces preparaban el golpe de estado no tuvieron cojones de encerrarlos en la isla de Perejil cargados de grilletes? O de pegarles cuatro tiros. Este país se hubiera ahorrado un millón de muertos, un siglo de dictadura y encima tener que soportar a una banda de hijos de puta que con total libertad van diciendo que quienes perdieron la guerra ahora quieren ganarla. A esos, matarile y punto. ¡Viva el vino!

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