Amigos del castillo de Peracense

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martes, 18 de septiembre de 2018

Y ESTE CUENTO SE ACABÓ


         No sé por dónde empezar, quizá el final sea un buen principio. He participado en varias convocatorias de la web de Literautas y aunque podría arrepentirme, es más que posible que la reciente sea la última en la que participo. 

Ya me ocurrió cuando tenía el blog en La Comunidad de El País. Mi imaginación no ha vivido historias truculentas ni leído libros esotéricos o casi; por lo tanto, no me proporciona material aparente para, olvidando las historias del abuelo Cebolleta, contar desvaríos o historias para no dormir. En los tres relatos siguientes al mío, a los que según recomendación de la web debemos leer y comentar, el asunto, la trama, el móvil, acababa en muerte de alguien o historias negras. Joder, yo para eso no escribo ni leo. Y por desgracia, algún episodio lamentable de esos me ha tocado vivir. Muchos.

Soy hijo de la tierra. Antes que mis recuerdos se difuminen, todos se ven incardinados en ella. Avanzando la edad, con más fuerza. Con formación del Espíritu Nacional por la gracia de Dios y rezando o recitando aquello que decía «Señor y Dios Nuestro, José Antonio esté contigo……» nada más y nada menos. Alguna montaña nevada de por medio junto con la cara al sol y la espalda mayormente. Nos conformábamos con lo que teníamos porque desconocíamos que había otros mundos, otros paisajes y otros paisanajes.

Decían que “la letra con sangre entra” y lo llevaban a la práctica. En mi memoria han quedado episodios imborrables que lo corroboran. In illo témpore, los chicos y adolescentes, no pintábamos nada. Todo cristo se creía con derecho a acosarnos y maltratarnos, si caíamos en sus manos. Desde el maestro en la escuela, el peor, hasta el dueño del bar que nos freía a pescozones si permanecíamos en sus dominios y alrededores. A los abuelos, ya nos guardaríamos de hacerles ningún rastro o la bulra como decían ellos: «ya se lo diré a tu padre». Y te cagabas garras abajo pensando en la recompensa al llegar a casa. Tuve un padre, que fue un hombre de bien y un padre al que hecho mucho de menos. Nunca me puso la mano encima sin motivo y si me dio algún guantazo, estoy seguro que fue más que merecido. Como el que me dio mi abuelo, su padre: estaba con él en su casa y se cansó de decirme que me estuviera quieto; claro, el premio, estuvo más que merecido. Nací allí, en casa de mis abuelos paternos y aunque tenían otros nietos de su hija mayor, yo era el guarín. Y eso tuvo bula, aunque como es lógico no pudiera apreciarla a esa edad. La mayoría de esas andanzas han quedado desperdigadas en los distintos blogs.

A pesar de que nuestra formación fue primaria de lo más, y en la cual estaba incluida la Historia Sagrada según los capitostes nacionalcatólicos del régimen, mi impresión es que teníamos una cultureta no sé si mejor, pero sí diferente de la que imparten ahora. Aunque a nadie le importe, a san Juan, lo decapitaron en la prisión de Maqueronte para dar capricho a las concubinas del rey Herodes. En Geografía e Historia por lo menos. Leer el post LAMENTABLE

Nuestras lecturas no fueron más allá de los libros de texto y algunos ejemplares que recibíamos de Madrid. De ellos recuerdo a los Cuentos de Grimm, algunas novelas del oeste, de Zane Grey, tebeos y a Robinsón Crusoe, ejemplar que todavía, malparado, sigue por casa; propiedad que fue del ayuntamiento aunque si había algunos ejemplares, debieron acabar de malos modos dada la incultura secular del personal. (En verdad, hay estanterías con libros variopintos por casa, el trastero y el pueblo. Desde El Don Apacible hasta El Hereje de Miguel Delibes y tochos como Los Pilares de La Tierra. Y como no, Alatriste y alguno de Marías. Hasta me leí un tocho llamado Olvidado rey Gudú, de Ana Mº Matute, del cual no aprendí nada pues acabé aborreciéndolo). Como dice Vázquez-Figueroa creo que es: ¿"Era necesario rellenar ochocientas páginas para decir esto?"

Una vez abandonado el hogar, motivo narrado en El Surco Inacabado, me compraba libros de Lafuente Estefanía y Zane Grey. De filosofía o gentes de postín no, bastante tenía con simultanear estudios y trabajos. Vivir para Contarla, de García Márquez, ha sido el último libro que he comprado y leído. (En el demuestra porqué es un Nobel, y no como otros embaucadores). Y aquí es donde quería llegar aunque quizá de forma prematura saltándome demasiadas efemérides. Literariamente hablando ¿a quién se le debe exigir más, a quien no ha hecho otra cosa en su vida excepto estudiar teniendo la espalda bien cubierta o a cualquier destripaterrones que pretenda contar historias e histerias del abuelo Cebolleta? ¿Sabría llevar la esteva de un arado Javier Marías, por ejemplo? No deberíamos hacer mofa de su falta de habilidad. Puede y debe practicar el culteranismo, pero no mirar por encima del hombro a nadie que no haya tenido las posibilidades de formación que estuvieron a su alcance. Por muy grandes y queridos que hayan sido nuestros progenitores, no todos hemos tenido un Julián Marías en casa.

Mi referente a la hora de abrir un blog, fue José Luis Trasobares, periodista aragonés. Columnista independiente que, por serlo, le costó la subdirección y el despido del “independiente” Heraldo de Aragón. De ahí que me encuentre cómodo a la hora de escribir un post o entrada en mi blog. Eso sí, cuando algo me motiva, que largos espacios paso sin mover una tecla.

Y dicho lo anterior y lo que en stand-by queda, hoy cerramos el garito.



Comentarios en Literuatas 
Don: Nunca he pretendido agradar a los demás escribiendo. Pero sería hipócrita y falso si dijera que no me importa. Hago lo que puedo dentro de mis posibilidades que son escasas. Baso mis relatos, casi siempre, en historias del abuelo Cebolleta y como aventuras venideras, más bien pocas con la que está cayendo, pues me conformo. Hice el canto del cisne con “Y tiempo para contarla” y aunque no tengo la ilusión de la mayoría de los que aquí escriben, intento no darle puntapiés al diccionario aunque de ocurrir, no me quita el sueño. ¡Qué más quisiera yo que tener tu imaginación y fondo de armario! Escribiría otro asalto al castillo, por lo menos.

Gracias por tus consejos. salu2 

Hay una cosa que cada vez me gusta menos de este sitio aunque la gente de su opinión con la mejor de las intenciones: Uno deja plasmados recuerdos, ideas, aunque sean locas, y a veces, sientes que todo aquello que has escrito, aunque sean girones que pugnan por salir a la luz y que tú reprimes con dureza o dulzura, que tampoco lo tengo claro, no han servido para dar a entender la lucha interna que hay entre el querer y no poder. En fin, salu2 y si cuela, cuela. 

Patricia: Una vez leí una introducción del “Viaje a la Alcarria” de Cela (al que por cierto no he conseguido acabar ningún libro de los que intenté leer). El introductor en cuestión, ocupaba más espacio en el libro que el autor en relatar sus andanzas alcarreñas. Con esto quiero decir que hay gentes que ven lo escrito, lo no escrito y lo que ellos hubieran escrito , en ocasiones sin tener nada que ver con lo que el pobre diablo en cuestión había publicado o querido escribir.
Cuestionas la jotilla sobre las mozas de Teruel. Es que soy de Teruel ¿sabes? y la baraja para el solitario debía proporcionármela una de esas mozas.
La introducción, pues no es ni más ni menos estrambótica que algunos de los relatos que he leído, basados en la muerte de algo de alguien o de todos. Solo es fiel reflejo del desconcierto que en todos genera y que cada cual elige al estilo de “sálvese quien pueda”
PD.- Y es que yo, como hace tiempo en una serie de TVE, cuando no había otra, al finalizar el capítulo siempre decía:
“yo solo soy un pobre diablo sentimental”. Tanto, que el otro día al ver en un periódico un vídeo de un gato mirando en un móvil a al dueño muerto hacía tiempo, el animal arrimó su cabeza a la pantalla acariciándola y al final se acurrucó sobre ella. Y me emocionó tanto, que unas lágrimas furtivas y traidoras afloraron a mis ojos.
Creo que hay que dejar que cada cual se exprese como sabe y puede; tratar de comprender lo que ha querido decir, sin ser obligatorio, y si no entiendes nada, dejarlo estar que ya escampará. Y si a uno le motiva lo suficiente, reescribir el guion y amablemente enviárselo al autor. Sabido es que aunque solo quedan estelas en la mar, todos los caminos fueron hollados una primera vez aunque con posterioridad se convirtieran en autopistas.
Gracias por tu visita y comentario.
Reposdata.- Te invito a leer el último post de mi web, algo escribí sobre este tema. salu2

Escrito el 19 septiembre 2018 a las 10:04


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