Amigos del castillo de Peracense

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jueves, 4 de enero de 2018

LADRIDOS LEJANOS


Aquella noche, en el pueblo no se escuchaba más que al silencio. De vez en cuando, la voz de un perro asustado callaba a éste. El temor del can a la soledad, a la oscuridad de la noche o quizá alguna raposa merodeando por las proximidades en busca de restos de algún parto del ganado, provocaban sus ladridos. Los mozos, hacía rato que habían dejado de entonar villancicos por las casas pidiendo el aguinaldo. En la calle, una luna negra y un sol de medianoche en la fría madrugada de enero custodiaban la nieve. El viento, para darle ánimos, ululaba sus lamentos al tiempo que, incansable, trasladaba la nieve acumulándola en ventisqueros. Una madrugada de perros para los Reyes Magos.