Si buscas novia en Teruel búscatela forastera, mira que matan de amor las mujeres de esta tierra. (y desamor)

viernes, 22 de febrero de 2019

EL SILENCIO

«El amor, es el silencio, la palabra guardada en el pecho…» Así comienza una canción del Abuelo.

Había sido una gran noche con grandes dosis de divertimento. No había faltado de nada en la celebración. Comida, bebida, algo de nieve, más en sus sienes hacía tiempo… hasta pareció que Matesa, que siempre se había mostrado esquiva, en esta ocasión parecía más dispuesta a contemporizar y quién sabe si más tarde… Todo comenzó cuando su equipo le preparó una fiesta sorpresa por su elección como ganador de la Autoridad Nacional Caraqueña. Bueno, todavía la Junta Electoral no había proclamado los resultados, pero según las encuestas que obraban en su poder no había dudas, la mayoría estaba en su mano.

Se retiró tarde a su residencia. Se sentía un poco mareado y también, por qué no decirlo, decepcionado con Maite. Tras algunos arrumacos, que interpretó como interesados, al final le dio la espalda, eso sí, con muchas alharacas y marrullerías pero sin ningún compromiso. La verdad era que tras la agotadora campaña y el desmadre de la noche, su cuerpo lo que necesitaba era descanso y reposo; tiempo habría para retozar, que damas dispuestas a ello le sobraban. No era un gigoló pero tampoco un cartujo; además en su nueva situación, habría cola para ocupar el puesto de primera dama.

En estas reflexiones se hallaba el Mandatario Supremo de la Patria —bueno cuando fuera proclamado como tal—, pero era tanto lo que había soñado con ese momento y dejado tantos cadáveres por el camino, que ahora solo quedaba hacer morder el polvo de su derrota a todos sus contrincantes y enemigos. Qué tranquilidad y silencio había aquella mañana en su habitación. Había dado la orden de que no se le molestara bajo ningún concepto y así parecía que estaba ocurriendo. Su equipo, por una puñetera vez, le hacía caso. Fantaseaba con el futuro inmediato. Si obtenía mayoría absoluta, bueno tampoco sería necesario, proclamaré la monarquía. Puesto que ya soy rey, llevémoslo a la práctica. ¿Quién me lo va a negar? Fernando Rey Dos Cermeñas, casi nada.

Ya cansado de divagar sobre futuros nombramientos y acciones de gobierno —no le importaba vender la piel del oso antes de cazarlo— percibió como anormal que el silencio era total y absoluto. Y la oscuridad. Comenzó a notar cierto fresco, frío por momentos, a pesar de la amabilidad de las telas que lo protegían.

—Oye, que esto me parece que se le ha ido a alguien de las manos.

Intentó gritar, pero sus palabras no salían de su garganta. ¡Tampoco podía moverse! En alguna ocasión ya tuvo esas pesadillas tan desagradables; intentar gritar y moverse sin que nadie le escuchara. Será eso, ya pasará. Por momentos el terror se iba apoderando de él.

—¡No es posible, he ganado las elecciones! —Como si esa circunstancia le sirviera de salvoconducto para todo. Silencio.

De pronto, creyó que un calor lacerante lo invadía y abrasaba.

—¡¡Ahhhh!! Socorro. —Un tupido silencio fue la respuesta.

         En ese momento, se dio cuenta de que había dejado de ser la Autoridad Nacional Caraqueña. A partir de ahora, se dedicaría a averiguar quién había sido el autor del magnicidio; como buen político, excluyéndose a sí mismo. Ante su foto con la banda de colorines y las fanfarrias del himno nacional republicano, alguien hacía un corte de mangas o una pedorreta.
 
Este es un relato preparado para un concurso que he sustituido por otro que he creído más apropiado. Tema: el silencio.
 

2 comentarios:

Ana Palacios dijo...

Hola, Amilcar.
Te he buscado en Literautas y no estabas. Espero que haya mejorado tu salud y que tu ausencia se deba a otras causas.
Me ha gustado tu relato
Un abrazo

Amilcar Barça dijo...

Hola Ana.

Este mes, a dos horas del límite, no había echado el relato. (La ofensa) Y hacía tiempo lo tenía escrito, pero no me apetecía; al final, casi corriendo lo envié firmado por Avempace. He ahí el despiste. La salud, como decía el Abuelo: «regular, gracias a Dios» pero se va superando.

Gracias por tu comentario.
Un abrazo.