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lunes, 25 de febrero de 2019

LO QUE NOS DEBEN

Quienes convivimos veinticinco años cara al sol bajo el régimen de los golpistas del 36 -militares y civiles, con iglesia incluida- deberíamos pedir la hoja de reclamaciones por los daños y perjuicios recibidos. Suena a cachondeo pero es una realidad flagrante y lamentable sobre la época que nos tocó vivir. Y más y más.
 Hago hincapié en los veinticinco años no porque ya no hubiera más, todo lo contrario; esa época marca la extinción del sanguinario golpista y dictador. Pero hubo muchos miles más tan malos o peores que él. Acusar al dictador de todos los males, es faltar a la verdad. Cierto que él era el soporte sobre el cual pivotaban y se sostenían las atrocidades y crímenes del régimen, pero ¿Qué hubiera sido de él sin los sicarios que con entusiasmo se entregaban a todas las felonías habidas y por haber?
 
Una vez muerto el perro, la rabia siguió y las garrapatas se entregaron con fruición a seguir exprimiendo y robando a los ciudadanos. Hasta nuestros días. Mención especial merecen en este inmenso estercolero que es España, aquellos gobernantes cobardes que con marrullerías engañaron al pueblo para seguir haciendo lo mismo que antes habían hecho "los otros". Me refiero a los falsos socialistas el señor X Gal Natural, Isidoro, y su inefable vicepresidente Arfonzo. Fueron en su momento, cuando gobernaron, alumnos aventajados en todos los órdenes del régimen franquista. Todavía ahora, casi cuarenta años después de su acceso al poder, se entrometen y quieren seguir gobernando el país desde la sombra bien iluminada y guarnecida de dineros y prebendas.
 
Porque no solo al régimen franquista hay que pasarle factura por el silencio y la mentira a la que nos tuvo sometidos durante tantos años; esos gobiernos de los socioslistos, tienen igual de culpa o más que los anteriores. Unos y otros, nos ocultaron la verdad y la historia que la inmensa mayoría desconocemos y que solo de vez en cuando esta aflora tímidamente. Hemos tenido que sufrir a patanes sin fundamento creerse los amos del universo, y desgraciadamente lo eran, en tanto la muerte en todos los órdenes cubría la memoria de verdaderos héroes y brillantísimas personas e intelectuales de primera magnitud.
 
En estos días, están saliendo a la luz dos personas que brillaron con luz propia durante la II República Española. El poeta Antonio Machado y el presidente de la República, Manuel Azaña. Es tal el desconocimiento que los españoles tenemos sobre ellos y otros muchos, y la leyenda negra tejida por los fascistas en torno suyo, que la inmensa mayoría seguirá creyendo que son rojos, con cuernos y rabo, como pintaban a Santiago Carrillo.
 
Ambos, poeta y presidente, nunca fueron reivindicados por esos cobardes socioslistos muñidores de los Gal y golpes de estado. Estaban bien enseñados. Dieron muestra de su cobardía, González y Guerra, durante el golpe de Tejero: permanecieron escondidos en sus escaños ante los tiros de los guardias a pesar de ser parte intelectual del mismo.  
 
Ambos, Antonio, el poeta y Manuel, el presidente, murieron en la indigencia y el olvido del exilio francés y suerte tuvieron de no caer en manos de los asesinos golpistas, los habrían secuestrado y asesinado sin remordimiento, como les ocurrió a miles de ciudadanos españoles.      
 

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