Si buscas novia en Teruel búscatela forastera, mira que matan de amor las mujeres de esta tierra. (y desamor)

sábado, 16 de marzo de 2019

MARIPOSA

El hombre se transformó en mariposa. Llevaba tiempo pensando en cómo hacerlo y no halló mejor medio que encerrarse en una bolsa de plástico a modo de crisálida a la espera de que le crecieran las alas.
—Oye tronco ¿estás seguro de que te saldrán alas?

—Totalmente. A falta de veces que hemos volado. Unas alas nos hubieran venido dabuten. ¿No te parece?

—Jo, con la de viajes que nos hemos metido sin levantar el culo del suelo. Montaos sobre un unicornio níveo mola cantidubi. Pero estos que ahora quieres emprender me parecen mucho más peligrosos. ¿Te has fijao en la de metros que hay hasta el suelo? Yo no pienso estar aquí cuando lo intentes; la pasma, al primer pringao que echaría el guante sin preguntar que había pasao, sería a mí, echándome la culpa de haberte empujao. Y lo mismo que no averiguó porqué ardió el rascasuelos, les importaría una mierda si yo era culpable o solo una víctima de las circunstancias. Y además, me acusarían de haber quemado el rascasuelos, ni que tuviera complejo de Nerón. Me piro ya, antes que te crezcan las alas. Si te arrepientes, en el puente de la M-30 o la estación de Callao estaré. Por si te apetece echar unas rayas y hacer un viaje astral, metidos dentro de una alcantarilla que es más segura. Pero ahora, cuanto más lejos de ti, mejor.

Esta escena transcurría semanas después de que la torre Windsor de Madrí, ardiera por los cuatro costados para eliminar las evidencias de los chanchullos de un banquero golfo; circunstancia que a los amigos les había venido de perlas para okuparlo e instalarse a todo tren en la penúltima planta. Cierto que olía a chamusquina que tiraba p’atrás, pero la vista y el alquiler, bien merecían la pena.

Todo surgió a raíz del último desfile carnavalero en el cual Tiffany, como gustaba llamarse Ricardo, desfiló con unos zancos que le aupaban un palmo del suelo y unas alitas modelo Madame Butterfly o Campanilla, qué más da. Se creyó tanto el papel representado, que dedicó su inmenso tiempo libre a fabricarse un sueño.

Había visto en el cine a algún prota que salía volando desde lo alto de una torre de pisos, así que puso manos a la obra. Lo de encerrarse en la bolsa de plástico, lo hacía para dejar turulato a su tronco que acabó creyendo todo cuanto Ricardo le contaba. Solo había un inconveniente: él también se creyó su propia fantasía.

Poco a poco se confeccionó un traje, tal y como creyó ver en las pelis y lo fue probando. ¿Cómo? Pues empezando los vuelos desde los pisos inferiores colocando un buen montón de materiales para amortiguar el trompazo. A partir del cuarto piso, cambió de opinión y táctica. Esto no tiene ningún futuro a menos que quiera acabar en La Almudena prematuramente.

Usando la poca cordura que le quedaba llegó a una conclusión: si quiero volar, lo haré en un parapente o como se llame. Mañana empiezo. Con su traje de Superman puesto, decidió que era la hora de hacerse una rayita que más pareció una línea continua en una recta —prohibido adelantar— de kilómetros. Ya ciego total y a oscuras, se acercó peligrosamente al abismo. Un tropiezo oportuno hizo el resto.

—Uaaaahhhhhhhh —mientras caía,  instintivamente extendió los brazos y sin conciencia de lo que realmente sucedía, voló, voló y voló, como la calandria de la canción. Un repentino chapuzón lo descabalgó del caballo. No se entretuvo en averiguar si fue el Manzanares o el estanque del Retiro, su pista de aterrizaje.

A la mañana siguiente, los vigilantes descubrieron el traje de Superman en las aguas. Ricardo, olvidó sus sueños de crisálida en la torre Windsor.

PD.- Me viene a la memoria cuando a Fidel Castro lo llamaron y engañaron unos hidepu desde Florida. Cuando se identificaron, éste exclamó: «Mariconsón»

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