Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

miércoles, 22 de mayo de 2019

EL CRIMEN DE CUENCA.

Leo, en eldiario.es, que un realizador ha construido un documental sobre la película que la directora Pilar Miró hizo, allá por finales de los 70. Explican en el reportaje que la película fue secuestrada por los mismos que ahora siguen haciendo de las suyas. No han perdido fuelle ni poder.

Reconozco que estaba equivocado sobre la película. Pero solo a medias. Desconocía el asunto que la motivó pero sabía que trataba sobre actos -torturas- feos de la guardia civil. Pero no relacionaba el asunto con algo tan antiguo que data de 1910?. Según explican, el secuestro no fue motivado por la crudeza de las imágenes sino porque quien las realizó fue la guardia civil. En la Wikipedia se explica más exhaustivamente el proceso y los pormenores: un pastor vendió unas ovejas y dinero en mano, se echó otra cuenta y no volvió a su pueblo; entonces dos personas fueron detenidas y absueltas por el presunto crimen. Un tiempo después, -volvieron a ser detenidos los anteriormente acusados-, siendo el principal instigador de caso el cura del pueblo; tras múltiples torturas nada envidiables a las de la Inquisición, fueron condenados. Tiempo después el cura recibió una carta del cura de otro pueblo pidiendo una partida de nacimiento para el "asesinado" que quería casarse, la cual ocultó. Ante la tardanza en recibirla, el ausente se personó en su pueblo causando gran revuelo.  Posteriormente se deshizo el entuerto, liberaron a los torturados y el estado los indemnizó y para callarles la boca los puso de guardias en el retiro. Hubo otro juicio, pero los autores de las torturas, fueron absueltos, faltaría más. El cura, se suicidó ahogándose en un barril de vino y el juez, presuntamente, también.

Hoy parece que tratan de lavar la imagen de presuntos violadores del verso que arrastran desde su fundación. Protectores de los caciques y los terratenientes. Todavía recuerdo que, a los civiles en el pueblo se les tenía pánico; que mal harían aquellas gentes. Si arrastraban el timón de arado -aladro- por la carretera,  de tierra que no de asfalto, multa al canto; si iban a labrar los domingos, multa al canto; si la cuerda del freno del carro arrastraba por el suelo de esa carretera de tierra, multa al canto; si algún pastor se quedaba dormido y las ovejas hacían de las suyas, paliza para averiguar quién había sido. A un mocete que iba pastor, el guarda del monte quiso inculparlo o quizá zurrirle la badana, le quitó el arma que llevaba y lo envió a visitar a sus antepasados.

Lo que sigue es verídico:

En un pueblo de la ribera del Jiloca, en los años de la posguerra o finales de la misma, al árgano de la iglesia le desaparecieron las teclas de marfil. ¡Qué escándalo! han robado las teclas del órgano. Una familia de refugiados del sur, fue el conejillo de indias. Detuvieron al padre de familia acusándolo de haber efectuado el robo. Como se resistía a confesar, la guardia civil lo ablandó lo suficiente hasta que a los tres días murió de los palos -torturas- recibidos. No hace mucho, la viuda lloraba por lo que le había ocurrido y por los trabajos para sacar a los tres hijos adelante: refugiados y presuntos cómplices de un ladrón confeso o no (a ellos que les importaba).

A un hermano de mi padre, en la estación minera de Ojos Negros, por otro robo en el cual no tuvo arte ni parte, la guardia civil le pegó una paliza hasta dejarlo por muerto. Al hijoputa causante debieron enviarlo al alto horno en una tolva de mineral como se merecía. (Y el autor del robo, una garrafa de aceite de estraperlo, fue el jefe de estación)

PD.- Según la vox pópuli del citado pueblo, quien realmente robó las teclas fue el cura. Valiente cabrón. Dicen, dicen, que se fue a Mallorca junto a otro maleante como él, a fundirse el resultado del latrocinio en putas.






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