Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

miércoles, 1 de mayo de 2019

PRONTO PARA MORIR

Acabo de leer un artículo de Juan Tallón con ese título. Lo que me faltaba. Hoy me encuentro especialmente deprimido, falto de todo. Repaso, como él, la lista de quienes con su juventud o plenitud nos abandonaron y a mi mente vienen esos amigos y compañeros de juegos, escuela, travesuras y rastros diversos que para los que quedamos, sin vivir su día a día, significó un golpe bajo la noticia de su marcha.

Ahora, cada vez más cercano nuestro mutis por el foro, temo su llegada, algo que en la juventud y la madurez quizá temimos pero nos quedaba lejano. Repaso en qué ha quedado mi existencia y convengo que me quejo de vicio pues visto el resultado, no está del todo mal. Pero ¿hice todo lo posible? Quizá sea el miedo a perder lo conseguido lo que hace que sea tan temido ese momento. Otras veces, preso de ese desaliento, me cebo en lo imposible. Ya lo dijo alguien: "lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible".

Pero preso de esos pensamientos negativos que me anulan, tiro por la borda todo cuanto de positivo ha ocurrido en mi vida cebándome en lo que no pude o no supe conseguir o conservar. Todo es irreversible. Me temo que a fuerza de negatividad, llegará un momento en el cual, todo se volverá oscuro y ya no cabrá el recurso a recordar y contemplar todo cuanto en mi vida me ha hecho feliz. La oscuridad habrá triunfado y yo seré el culpable.

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