Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

sábado, 31 de agosto de 2019

LA ANARQUÍA CAPITALISTA


Siempre nos han contado el relato, criminalizándolo, de que el anarquismo era un movimiento de izquierda extrema que en sus fundamentos ostentaba la aniquilación de cualquier orden que pudiera regir a la sociedad dentro de los parámetros y preceptos que significaran regulación de las normas de convivencia en la sociedad. Disciplina, obligación, sumisión a la jerarquía, etc.

Como continuamente nos han engañado con señuelos ficticios que la sociedad, como vaquillas recién salidas del toril embestían con furia, la palabra anarquista la hemos asimilado a gentes antisistema, revolucionarios, cuando no terroristas a secas. Ejemplos los hay a miles, algunos terribles, sangrientos y sanguinarios, en contra de gentes que se decían ser, a sí mismos, anarquistas. Pero no es este libelo reivindicativo de los mismos y de sus conciencias; la Historia, deberá ser quien juzgue a todos. (Vaya coña, la Historia, a quienes me refiero o referiré con este panfleto, se la pasan por el forro de los cojones. Si es necesario, ya hallarán sicarios que la CAMBIEN)

Para darse cuenta del anarquismo capitalista que nos invade solo hay que darse una vuelta por la ciudad y abrir los ojos. En cualquier lugar, invadiéndolo todo, te encuentras los patinetes, bicicletas, glovistas y otros repartidores a domicilio que, explotados por ese capitalismo anarquista y salvaje, ocupan las portadas de los periódicos y los juzgados españoles.

Hay que decir que todos ellos cuentan con la anuencia irresponsable de unos políticos vendidos cuando no cómplices directos de todos esos avasallamientos. Llegan unos mal llamados empresarios, que el común que paga sus impuestos desconoce, y te llenan la ciudad de coches, patinetes y bicicletas. Sin reglas de ninguna clase, al mejor estilo de sálvese el que pueda.

Y eso es intolerable. Los políticos, verdadero cáncer social, pasan de regular y exigir condicionantes de todos los órdenes. Circulan los usuarios, mayormente gente joven y no tanto de por sí irresponsable, por donde les da la gana; aparcan donde les sale del higo o el pito, van a toda pastilla por las aceras –por la calzada no, que los puede atropellar un coche y es muy arriesgado- sin importarles un carajo si la señora María está paseando a los nietos o viceversa. Y con el resto de viandantes, no tienen mayor cuidado o respeto.

Economía –econosuya- colaborativa le llaman. Y tienen razón: los ciudadanos con nuestros impuestos, hemos de sufragar todos los gastos que conlleva la adaptación de las calzadas a sus necesidades. Carriles bici, por ejemplo, para que los usuarios sigan circulando a sus anchas por donde y como les plazca. Si un ciudadano circula sin seguro en el auto y tiene un accidente, se arruina; a estos no les pasa nada y ya han causado muertes en viandantes.

Claro que si en Madrid la banda de facinerosos formada por el partido podrido, con la señora del bigotes Charlot ansar a la cabeza, regaló miles de casas públicas a otros facinerosos extranjeros, Blackstone, encabezados por su yerno, y no ha pasado nada, no es de extrañar que otros corsarios extranjeros o nativos, da lo mismo, se hayan subido al carro con la certeza de que si alguien tiene que asumir alguna responsabilidad, deben ser los peatones por salir de casa y circular por las aceras. Lo demás, son ganicas de joder las marrana por parte de izquierdosos trasnochados que no saben asumir el discurso de la historia.

El capitalismo salvaje, es anarquista para sí mismo y dictador para los que exprime. Cuando no criminal y terrorista.

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