Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

lunes, 23 de septiembre de 2019

CERDOS

No, no es un insulto a los visitantes del blog. No se me subleven. Mis críticas van encaminadas a reflexionar sobre animales domésticos.

Aunque en principio no son estos bípedos los destinatarios de esta diatriba, no quiero dejar pasar por alto la oportunidad de señalar a estos/as especímenes que con todo merecimiento debieran ostentar ese nombre o adjetivo en detrimento de esos cuadrúpedos que nos deleitan con sus productos cárnicos.

Me estoy refiriendo a las/os políticos, verdadero cáncer que asola las sociedades, todas sin excepción. En este desgraciado país, -hay muchos más para deshonra de sus ciudadanos-, los mismos que han robado a mansalva esquilmando los recursos e impuestos ciudadanos, se han empeñado en seguir despilfarrando los impuestos, ajenos por supuesto. Tras cinco meses, -no olvidemos los cuatro años precedentes-, han sido incapaces de ponerse de acuerdo para formar un gobierno que acabe con la incertidumbre y el anquilosamiento de las instituciones.

Es totalmente injusto que tras su desacuerdo, egoísta por parte del patito feo, reciban subvenciones del erario público y este pozo sin fondo haya de sufragar los gastos originados por esas indeseadas elecciones. Deberían pagarlas ellos mismos, al menos, la publicidad electoral partidista. Son cerdos, sin paliativos.

De los otros, los cuadrúpedos encerrados en granjas, qué voy a decir, demás desgracia tienen. Que son unos marranos ¿quién lo niega? Ya lo dice el refrán: "el gobierno es un cochino, el cochino es un gobierno" (de la casa). Alguna religión estúpida, seguida por millones de estúpidos, -no más que los seguidores de otras-, se niegan a comer cerdo. Sin duda el ser humano, es una anomalía en la creación o evolución de las especies.

Bueno, menos rollo: el motivo por el cual inicié hace días esta diatriba inconclusa hasta hoy, lo originó la cantidad, sin duda incontrolada, de granjas de porcino que están proliferando en la Tierra Noble. La gente se lanza, sin control por parte de nadie, a crear granjas sin ton ni son ni prever los inconvenientes, que los tienen y graves, esas macrogranjas. ¿Que en vez de una hay diez que quizá alberguen más animales? desde luego.

Se está generando un problema de salud pública con los purines. Están echando a perder los acuíferos y llegará el día, no tardando mucho, que el agua resultará contaminada porque todos los purines, meadas de los cochinos, los esparcen por los campos. Pero ese no es el único inconveniente: el olor, mejor la peste, de esas granjas o de los purines acumulados o esparcidos por los campos, el viento los traslada a muchos kilómetros de distancia. Así en mi pueblo según sople el aire, regañón o cierzo, traslada un hedor a cerdos -que no a jamón- que inunda el ambiente haciéndolo molesto y nauseabundo. Y las granjas están a más de cuatro y diez kilómetros de distancia.

El egoísmo de la gente, los productores y quienes los autorizan, traslada a todos los habitantes del entorno, los inconvenientes de la crianza en tanto la rentabilidad va a parar a sus bolsillos. Y lo jodido del caso es que hasta es posible que obtengan subvenciones cuando deberían encontrar el rechazo de las instituciones. Ayuntamientos y gobiernos regionales. En Castilla la Mancha, ya ha habido algún municipio que ha impedido la instalación de una macrogranja debido al rechazo y la oposición frontal de la población.

Y si suena, sueña

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