Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

lunes, 9 de septiembre de 2019

ESPÉRAME EN EL CIELO

Los sucesos y las circunstancias encadenan emociones difíciles de ocultar o reprimir. La muerte hoy del cantante Camilo Sesto, ha unido a ambos. Me rondan por la cabeza canciones que en un momento pasado o incluso en el actual, dejaron huella, generalmente dolorosa, en mis sentimientos.
He salido, como ocurrió en el mes de mayo cuando estuve en el pueblo, a pasear a Laika antes de irnos a dormir. Hoy tenemos media Luna llena, en creciente, por lo que la bóveda celestial está menos ocupada debido a la contaminación lumínica de la reina de la noche. Veo a Júpiter aproximarse al castillo en su deriva, ficticia, hacia el oeste. El Carro, con el tiro dirigiéndose, aparentemente, hacia el sur. La Osa Menor, invariablemente precipitándose hacia el Norte. La Estrella Polar, invisible, inalcanzable, como siempre. Solo yo carezco de derrota premeditada, aunque de derrotas, sé mucho.

Sí, lamentablemente, hay momentos que parecen refocilarse en triturarte las entrañas, exprimir tu sangre hasta aproximarte a nada deseables pensamientos. He tenido tantos y mi cobardía es tan enorme, que no pasan de ser fugaces compañeros de viaje. Grité con todas mis fuerzas mientras en mi interior hervían los sentimientos, la letra de la canción de Camilo que hoy hemos visto repetida una y otra vez en las televisiones. Solo una persona sabía lo que estaba ocurriendo en mi interior, nadie más se enteró. Lamentablemente, las maldiciones también suelen acompañar a los deseos más honestos y puros, no soy un ángel. No dejan de ser un brindis a la Luna, pues la guía de la Osa Menor, mira siempre a otro lado.

Menos mal que el amor de mi pekeña Laika, me sirve de freno y consuelo. Por ello te amo cada día más.

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