Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

lunes, 16 de septiembre de 2019

LLUEVE

«Las canaleras caen, pero parece que no llueve». Mi madre cuenta que cuando ella era moza, junto con otras chicas de su tiempo, aprovecharon una sombra para orinar. Hubo un hombre que acostumbraba a ir a escuchar por las ventanas las conversaciones ajenas, y que pasaba por allí. Un alcagüete alparcero, que según parece los años lo hicieron más viejo pero no más sabio.

Pues dio la casualidad ¿o no?, que al escuchar el fluir de la orina de las chicas, sin verlas, exclamó la frase que da inicio a este post. Ni que decir tiene que ellas, lejos de sentir vergüenza, les movió una hilaridad difícilmente controlable para no delatar su presencia, sospechada por el viandante.

Estos días, el fenómeno atmosférico llamado por los expertos como DANA, ha causado estragos en el sudeste peninsular y el centro. Mucho avisaban que aquí en Aragón, también podrían llegar tormentas en nada beneficiosas; avisos que afortunadamente no se cumplieron. No obstante, algún chubasco ha caído, insuficiente para poder decir que ha llovido, mas no lo suficiente para no resultar mojado si eras sorprendido por la nube regadora.

Tengo unos albañiles trabajando que ya el viernes pasado por la tarde debieron marchar a casa pues por la mañana lo poco que cayó, lo recibieron sobre sus hombros. Hoy, creía se habían marchado pues ha llovido con más ganas y más rato. Pero se han refugiado en la paridera y no se han ido. Esta semana acaban sino estorba el tiempo.

Pero no se les puede dejar solos. El viernes dejaron empezada una pared que habíamos quedado debía ser de piedra. Ellos, el esfuerzo era mucho menor, la comenzaron de ladrillos. Pero la hubieron de deshacer.

Y si suena, sueña

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