Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

miércoles, 18 de septiembre de 2019

LOCUACIDAD Y MEMORIA

Esta tarde, siempre que el tiempo lo permite lo hacemos, nos hemos reunido unas cuantas personas de paso temporal por el pueblo a charrar y escuchar historias del pasado. Entre ellas, una bastante más mayor que el resto pero con una locuacidad y memoria dignas de elogio, sobre todo para él. Incluso nos hemos enterado de que tenía otro nombre: Emiliano. Manda webs.

Durante mi estancia, ha salido a colación una pared del corral de la paridera en el cual están los albañiles haciendo obra para mí. Precisamente el contertulio fue propietario de una de esas parideras y nos hemos enterado de la odisea que habían sufrido hasta recabar en la propiedad de una hermana suya, y que el resto ignorábamos o conocíamos a medias. Eran una partición en tres de una sola en su tiempo, y tanto él como otra persona presente alegaban que la pared de separación no era medianil, sino mía. Entre dimes y diretes, nos ha informado que él había vendido la suya a un pastor y la otra también la había comprado el mismo pastor pero no la había pagado. Al final, devolvió la propiedad que no había pagado y el relator vendió la suya a los propietarios "despechados", que era su hermana y en fin, han edificado y derruido la pared medianil que había entre ambas.

Todo esto carece de importancia pero ha sido como el hilo que lleva a la madeja. Nos ha empezado a contar el árbol genealógico de sus antepasados y , madre mía, yo me he perdido tras la retahíla de abuelos, tíos y hermanos que han salido a relucir. Una enciclopedia andante. Yo, para meter baza y que descansara un poco, he mencionado que parecía mentira que una pared medianera diera para tanto. La de personas que ha mencionado; hasta los padres de una pareja escuchante, eran o hermanos o primos hermanos entre sí respecto a los de este hombre.

Pero lo que nos ha hecho reír sin control, ha sido el siguiente episodio: Un hermano suyo, seguramente tenía enfilada a su víctima, sorprendió en un huerto propiedad del relator a una persona. No se le ocurrió otra cosa que atarlo a un árbol con una soga y dejarlo allí. La mujer de la víctima, les preguntó si lo habían visto. «Yo no», respondió el hermano mayor, nuestro contertulio. El autor de la fechoría le respondió a la mujer: «En la Dehesa se quedado pegando voces»

Hace mucho tiempo que no me había soltado unas carcajadas tan "ostentóreas" como esas. Madre mía que descojone. Después de confesar su hazaña, el autor fue con la bicicleta a soltar al prisionero. La última antes de marchar del pueblo en los años de la diáspora general fue, que junto con ese hermano estando de pastores, encerraron al ganado en una paridera y sin decir nada a nadie, se largaron a Zaragoza.

Esta persona en concreto, tiene mucha historia detrás. Es una lástima que se pierda. Según confesaba otro contertulio, toda la tarde había estado relatando historias. Hasta casi ha tenido un encontronazo con una mujer tertuliana relativo a un huerto que él documentaba muy bien y sobre el cual, tenían alguna desavenencia.

Y si suena, sueña

No hay comentarios: