Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

domingo, 15 de septiembre de 2019

SONRISAS Y LÁGRIMAS

Es lo que sucede tras conocer los resultados de aquel concurso literario al cual enviaste, con toda la ilusión del mundo, un relato en el cual pusiste, como dice la canción, alma, corazón y vida. O al menos lo intentaste.


No es que me lleve un berrinche de adolescente, pero no me voy a engañar: Habemos cienes de gentes desocupadas que, unas por afición y otras por aburrimiento, participamos en cualquier sarao que nos pongan al alcance de la tecla sin importarnos que hasta el momento, nunca te han dicho ni por ahí te pudras, Y eso, como decía aquel personaje del programa “Un, dos, tres”, de TVE, La Bombi, que en el citado momento estaba pues eso, bomba: «y eso dueleee».

Menos mal que no tengo que vivir del producto de deposiciones literarias, sino pasaría más hambre que El Lazarillo de Tormes. La última alegría recibida ha sido el correo en el cual me comunicaban, una vez más, que mi relato no merecía el más mínimo reconocimiento literario. Meca, yo que lo escribí todo ilusionado tras pasear a las tantas de la noche y contemplar las estrellas y planetas reconocidos y brillantes en aquella ocasión en la bóveda celeste. Seguro que el jurado no ha tenido ocasión de contemplar tan diáfanas constelaciones. Posiblemente, al estar en la Luna, tienen mejores perspectivas que la mía.

Mi pueblo, mi barrio, entrada del blog que a un lector gustó, a mí también me gusta, a pesar de lo que digan los “expertos”, que sin duda deben serlo, aunque a mí no me gusten.

Y si suena, sueña

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