Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

jueves, 26 de septiembre de 2019

TIOVIVO

Hace mucho tiempo que me rondan ideas descabelladas por la cabeza; incoherentes, ya lo sé, pero genuinas, fruto de mis propias dudas e incertidumbres. Que yo sepa, nadie, nunca, ha explicado sus pensamientos en estas encrucijadas.

Y así ¿cómo piensan que las generaciones futuras pueden acometer con unas mínimas garantías de éxito las vicisitudes y contradicciones que llegado el momento, se han de encontrar en los procelosos senderos o veredas, casi siempre embarradas o llenas de arenas movedizas, de la vida?

¿Cómo iba yo a pensar que llegado a esta encrucijada vital se me plantearían estas posiciones de cero o uno, como en una interminable sucesión de dígitos binarios que en sí mismos son incapaces de decir nada pero que sin duda son susceptibles de callar mucho más de lo que cualquier mortal puede comprender?

¡Qué carrusel tan inconsistente! Gira, gira y gira. Te encuentras atado a un artilugio que te transporta haciendo que tú permanezcas estático mientras todo lo demás gira en torno tuyo, en ocasiones a velocidad de vértigo, lo cual impide que puedas identificar cualquier cosa, persona u objeto que se halle en ese circuito confundido de imágenes y ruidos que eres incapaz de reconocer.

No controlas ni percibes actitudes que pudieran ser adversas hasta que de pronto un gesto, una palabra o un desplante, te hacen ver la realidad, Tú, incrédulo, no puedes asimilar ese cambio del que desconoces el motivo. ¿A fin de qué viene esto ahora? Que yo sepa, no he realizado ningún gesto incorrecto para esa reacción.

Y te pones a pensar, y hallas un hipotético resultado que no sabes si atribuir a la relación trigonométrica de los catetos y la hipotenusa o quizá a una ecuación de segundo grado, donde b sea incompatible con a, debido a la relación, irreconciliable, entre las incógnitas de la misma. Tal vez la x, harta de ser el comodín que para todo sirve, se haya hartado o dado un puntapié y el signo de la raíz cuadrada quede patas arriba e inservible. Quizá todo sea más sencillo: una de primer grado con relación de los términos entre sí, sin darte cuenta te ha arrastrado a esa encrucijada. Tal vez tú seas parte del problema y la solución.

Otro día continuamos.

Y si suena, sueña

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