Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

viernes, 8 de noviembre de 2019

MEDITACIÓN

Estos días rondan mi cabeza pensamientos que no sé si son producto de alguna meditación o simples desvaríos. Preguntas que por sí mismas no dicen nada y que nada pueden resolver pues no existe poder a su alcance para contestarlas.

Me pregunto como ha llegado el hombre a considerar el planeta de su propiedad. Como han llegado algunos hombres a considerar como suyo el planeta y todo cuanto en él existe. Eso es una gran mentira basada en la fuerza. Nadie tiene derecho sobre nada en el planeta; todo y todos estaban aquí antes de que el hombre, esos hombres, llegaran y, afortunadamente, aquí seguirán cuando ellos desaparezcan.

Los millones de seres vivos que pueblan el planeta, estaban aquí antes de que ellos consideraran que, como soberanos autoimpuestos, les pertenecían. No les importa en absoluto que millones de seres vivos, humanos o no, mueran por las decisiones que ellos toman o dejan de tomar. No les importan los miles de millones de seres humanos, con los mismos derechos que ellos como mínimo, pasen miserias, hambre y enfermedades para al fin morir sin haber conocido para qué habían venido aquí. ¿Por un simple polvo de sus padres? ¿Por ese mismo motivo, otros heredan los privilegios de ese otro polvo, por la gracia de dios?

El origen de la vida, nadie sabe cómo ni cuándo se produce, pero es incuestionable que el ser humano, algunos seres humanos, se han proclamado dueños absolutos de vidas y bienes que a todos, por igual, pertenecen, incluidas estas. El omnipotente ser humano, nunca será capaz de crear vida; cuánto ganaría la vida si ese mismo ser humano, se dedicara a preservar la existencia de todos los habitantes del planeta.

No creo en un ente que creara esta mundo sin igualdad, en el que otros deban morir para satisfacer las necesidades del más fuerte. Nadie, por el hecho de nacer, debería nacer sentenciado a morir sin remedio. Aquí, al aprendiz de brujo se le fue la mano o el experimento. Yo, no lo hubiera hecho, y no soy más que una simple hoja mecida por los aires otoñales. Y mucho menos hubiera permitido que unos cuantos, a lo largo de los siglos, hayan explotado y esclavizado al resto de seres vivos. Estos, tienen todo el derecho de intentar aplastar a esos inhumanos seres aunque hay un problema: si lo consiguieran, seguirían haciendo lo mismo que antes reprochaban. El ser humano lo lleva en los genes. No hay duda de que el experimento fracasó por más que algunos interesados proclamen que hemos sido dotados del libre albedrío. Sí, pero para joder al prójimo sin importar el sexo.

Y si suena, sueña

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