Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

martes, 3 de diciembre de 2019

SEÑORITO

No tengo remedio. Eso es viejo pero cada vez soy más consciente de ello. No sé escribir y lo que es peor, tampoco leer. En ocasiones leo relatos que presuntamente han sido escritos por escritores consagrados ¿a qué? y no me entero del motivo por el cual Fulanito de Tal, ha ganado tal o cual premio; del porqué un relato suyo, escrito en un diario, lo presenten como algo digno de admiración. Y me frustro, tomando conciencia de mi insignificancia.

Ayer leí un minirrelato que esta semana ha sido premiado en la SER y mi autoestima acabó por las alcantarillas cuando salí a pasear con Laika. Un fulano que va al super a comprar garbanzos porque le gusta una cajera. Manda cojones. Qué historia más edificante y bien contada.  Encima, no dice si el tío se la machaca desaforadamente pensando en la susodicha o solo siente un amor platónico de los que no sirven para nada excepto para joderte la vida y la virilidad.

Lo cojonudo es que este putiferio literauta, está amparado por un Taller de Escritura o Escritores que se supone saben de esto a toneladas. Es lo que me ha convencido de que no tengo ni puta idea de escribir y menos de leer. Por eso, La Fiesta del Chivo, de Vargas Llosa, me pareció en su momento un dispendio inmerecido tras comprar y leer el libro.


Y si suena, sueña

domingo, 1 de diciembre de 2019

EL OSO GOLOSO


Había un enorme tráfago en el obrador de la pastelería. Se aproximaban las Navidades y tenían que preparar infinidad de pasteles, golosinas, turrones, mazapanes y sobre todo, los roscones de Reyes; muchos clientes aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, consumían a partir del día de Navidad.