Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse. EL DINERO Y LA POLICÍA, NUNCA ESTÁN CUANDO LOS NECESITAS.

martes, 24 de diciembre de 2019

CUENTO DE NAVIDAD

Se hace de noche en un pueblo de la España desierta. Una mujer se pone de parto y su marido prepara el coche para salir hacia la capital, al hospital, distante 60 kilómetros del municipio. Comienzan a caer los primeros copos que en cinco minutos cubren la carretera. Nieva como si nunca lo hubiera hecho, con furia y el aire arremolina la nieve impidiendo la visibilidad.

El hombre intenta usar el móvil para alertar a emergencias; inútil, no hay cobertura. Llegan a la entrada de un pueblo que se presume desierto, ni una casa abierta, ni un refugio abierto. Permanecen en el coche en tanto arrecían las contracciones. La calefacción durará lo que la gasolina aguante.

Al poco, llega un trineo tirado por renos con un personaje de cuento de Navidad.

—En toda mi larga vida me había ocurrido un desastre como este; nunca había hecho esta ruta y ahora estoy perdido.

—¿Puede ayudarme a buscar un refugio? Mi mujer está de parto.

Encuentran un corral semihundido y en la parte del tejado que permanece intacta, preparan un fuego con las maderas de la techumbre caída. Los renos protegiendo con sus cuerpos a la parturienta, crean una atmósfera de intimidad. La nieve en el exterior, no amaina.

A medianoche, viene al mundo el bebé. Arropan a madre y criatura con la casaca del repartidor de juguetes perdido.

Al otro día, puestos en alerta los servicios de emergencia de la no llegada de los viajeros al hospital, llegan al pueblo abandonado rescatando a los transeúntes. Papá Noel, está consternado por no haber cumplido con su misión.

A la recién nacida, la van a llamar Nieves.


Y si suena, sueña

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