Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

miércoles, 1 de mayo de 2019

PRONTO PARA MORIR

Acabo de leer un artículo de Juan Tallón con ese título. Lo que me faltaba. Hoy me encuentro especialmente deprimido, falto de todo. Repaso, como él, la lista de quienes con su juventud o plenitud nos abandonaron y a mi mente vienen esos amigos y compañeros de juegos, escuela, travesuras y rastros diversos que para los que quedamos, sin vivir su día a día, significó un golpe bajo la noticia de su marcha.

Ahora, cada vez más cercano nuestro mutis por el foro, temo su llegada, algo que en la juventud y la madurez quizá temimos pero nos quedaba lejano. Repaso en qué ha quedado mi existencia y convengo que me quejo de vicio pues visto el resultado, no está del todo mal. Pero ¿hice todo lo posible? Quizá sea el miedo a perder lo conseguido lo que hace que sea tan temido ese momento. Otras veces, preso de ese desaliento, me cebo en lo imposible. Ya lo dijo alguien: "lo que no puede ser, no puede ser y además, es imposible".

Pero preso de esos pensamientos negativos que me anulan, tiro por la borda todo cuanto de positivo ha ocurrido en mi vida cebándome en lo que no pude o no supe conseguir o conservar. Todo es irreversible. Me temo que a fuerza de negatividad, llegará un momento en el cual, todo se volverá oscuro y ya no cabrá el recurso a recordar y contemplar todo cuanto en mi vida me ha hecho feliz. La oscuridad habrá triunfado y yo seré el culpable.

30 DE ABRIL


Los Mayos de Albarracín


Noche de Mayos. De Ilusión. De Melancolía. De lo que fue. De lo que pudo ser y no acaeció. En la serranía de Albarracín, en algunos pueblos se cantarán los Mayos. En Albarracín, también, pero ya convertidos en folklore. Aquellos Mayos, que tuve la suerte de participar en mi pueblo con dieciséis años, -solo una vez antes del éxodo o el exilio-, ya murieron víctimas de lo que todos compartimos. A pesar de ello, añoro aquella noche de ilusión, magia o desencanto, que de todo había. Hoy, ya somos pasado. Los jóvenes son hijos de la diáspora y no pueden tener esas nostalgias pues no las han vivido. El otro día en la peluquería a un crío, mientras esperaba turno, le pusieron un juego para entretenerlo. Yo a su edad, los nidos y el trabajo del campo, de acuerdo a mis posibilidades, entretenían mi ocio. Y como cantaban Celtas Cortos, "ya no queda casi nadie de los de antes y los que hay, han cambiado". Mi única Maya, ya marchó el siglo pasado.