Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

lunes, 13 de mayo de 2019

REFLEXIONES EN VOZ ALTA

Sin duda los habitantes de las ciudades han gozado siempre de muchas más oportunidades que los oriundos de los pueblos. En todo. Bueno en casi todo. Porque ellos, sobre todo los niños borregoncetes, se perdieron la oportunidad de cazar nidos y pájaros en una actitud primitiva que era la evolución natural de esos pobladores de las tierras que se veían al otro lado de las carreteras. Entonces no habían inventado las autovías y autopistas que en muchas ocasiones han servido para, en caso de lluvias torrenciales, hacer grandes destrozos en el campo. Aunque me consta que en las ciudades también los había saltatapias que abordaban las huertas, mayormente de monjes y monjas, para birlarles lo que llevaba el tiempo.