Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

martes, 21 de mayo de 2019

Otra ESTAMPA:

¿Qué misterio puede envolver un mensaje críptico que aunque apuntado solo sabe captar el lector avisado? En la juventud hay poco espacio para el enigma, todo es diáfano y casi limpio, pero en la madurez, cuando lo que llevas en el interior lacerándote los sentidos no lo puedes expresar so pena que te digan viejo, o cosas peores, debes contentarte con el lenguaje más simple posible y, a veces, ser tú mismo para conservar la fidelidad a esas infidelidades que se irán contigo. Es lo que tiene no haber pasado de la veintena, aunque sea metafóricamente, y continuar, como Penélope, la mujer de Ulises, una y otra vez con la esteva del aladro en la mano, los mulos delante abriendo el surco, al lado los aperos; un pequeño rebaño de ovejas díscolas haciéndote la puñeta y Amilcar soñando despierto buscando la Estrella Polar. Mirando al sol calculando las horas que quedan hasta anochecer, no levanta el ánimo precisamente. Cuando ese no es el surco que te gustaría trazar, debes buscarte otros entretenimientos, aunque hacer un solitario resulte una frustración pues nunca conseguirás acabarlo ni hallarás sentido o consuelo a lo irreal.