Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

martes, 18 de junio de 2019

UN BALDE DE AGUA FRÍA

Suelo leer los artículos que Pérez Reverte escribe en El Semanal; es un tipo duro, curtido en varias guerras como corresponsal y que dispara a todo lo que se menea, aunque quizá su atractivo resida en su rudeza y no en lo culterano y pedante de su prosa, a pesar de ser miembro de la RAE. Otros, en el encabezamiento de sus artículos, colocan el pomposo preludio «De la Real Academia de la Lengua». Anson, por ejemplo.

Bueno, pues en el artículo del pasado domingo, da un baño de agua fría a quienes aspiran a ser escritores y conociéndolo, se que lo dice de verdad. Hombre, tampoco es para ponerse así. La ilusión, no es patrimonio de nadie; habrá quienes escriban con la intención de llegar a ganar el Planeta, por la pasta, e incluso, por qué no, el Nobel. Pero no serán merecedores por ese motivo de mayor respeto, aunque sean miembros de La Real Academia de la Lengua, que quienes humildemente hacen lo posible por mantener un blog bien sea contándose cuentos, chismes y pasatas de su vida consuetudinaria o de otros siglos.

A veces, y se ha demostrado, los divos, en cualquier faceta de la vida, dejan mucho que desear como personas, sobre todo cuando ensoberbecidos, miran por encima del hombro a sus semejantes que además, para más inri, es posible les tomen a ellos como referente. A él, tampoco le darán nunca el Nobel, al menos el de Literatura. Y es tan echao palante, que incluso sería capaz de rechazarlo.