Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

lunes, 29 de julio de 2019

CRISIS

Pretender incluir en 250 palabras el concepto crisis, que de por si en apariencia es plural y múltiple, resulta tan imposible como cuando san Agustín preguntó a un niño y éste le respondió que era más fácil meter toda el agua del mar en un agujero que comprender el misterio de la Santísima Trinidad. Porque de crisis, en plural, está el mundo lleno; qué digo el mundo, todas las personas desde que nacemos pasamos por infinitas —por tamaño o cantidad— crisis. En la escuela, tuvimos la primera crisis amorosa debido a que la chica de la mochila azul ni nos miraba siquiera. Y si de crisis amorosas hablamos, excepto algún afortunado, el resto pasó cienes de ellas.

¡Qué decir de las crisis monetarias! Tras intuir el valor del dinero, hemos estado en crisis permanente de liquidez. Al final descubrimos que el dinero como la policía, nunca están cuando lo necesitas y si llegas a acumular veinte duros, es porque ya no te los puedes gastar.

De las crisis de aniversario, qué vamos a decir. Desde que tienes algo de uso de razón, compruebas que quienes son más grandes que tú, están llenos de privilegios. Por ello suspiras por ir cumpliendo años y alcanzar las gabelas que crees que tienen los mayores. Pero cuando en una eterna lucha por lograr esa cima inalcanzable pasados los cincuenta, vuelves la vista atrás, te das cuenta de que todo era un espejismo y de que te hallas al borde del precipicio sin haber obtenido rédito alguno.