Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

lunes, 30 de septiembre de 2019

SEPTIEMBRE, SE MUERE

Salgo con Laika a hacer la salida de rutina antes de encerrarnos dentro del caparazón, como los caracoles, bajo treinta y tres llaves y cuarenta candados de tenerlos. (Los cuernos ya estaban puestos previamente a buen resguardo). La noche está serena, estrellada, solo perturbada por un viento al cual le falta poco para denominarlo como airazo y la iluminación de la torre de la iglesia que borra las estrellas con su contaminación lumínica.