Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

lunes, 7 de octubre de 2019

¿DÍAS SIN IRA?

Estamos en fiestas, quien lo diría. No obstante a mí me embarga una falta de fuerzas, en todos los sentidos, que me llevan a desear estar solo. Melancolía, tristeza, falta de interés por todo.... He venido escribiendo casi todos los días mientras he estado, solo con Laika, en el pueblo vigilando a los albañiles, que si no estas encima hacen lo que les da la gana, y aun así. Tenía ganas de viajar, esperaba la carta del IMSERSO, todo eso se desinflado. No habrá ningún tipo de viaje. No se si tengo la suerte o la desgracia de ser un cobarde, ello me impedirá hacer alguna tontería. Y aquí paz y después gloria.

He intentado traer el dies irae, dies illa, pero me trae tantos recuerdos lúgubres de cuando era niño, que, a pesar de su innegable belleza en el canto, me resulta imposible hallar algo positivo en él. Aquel túmulo funerario, aquellos llantos reprimidos o escandalosos, aquella forma tenebrosa de cantar la misa, el terror a la muerte, no se me han olvidado a pesar de que hoy, parece que la asimilemos como una cosa más, cotidiana de la vida y normal. Lo es porque nadie se puede librar de ese fin más o menos truculento, pero joder, no deja de ser una cabronada. A pesar del canto, o por su culpa.

Y si suena, sueña