Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

jueves, 21 de noviembre de 2019

ABNEGADAS

Las virtudes o defectos de las personas que conocí y merecerían no un microrrelato sino una biografía, no caben en 150 palabras, quizá sobraran casi todas. Madres, esposas, hermanas y hombres de una forma más invisible, entregaron sus vidas a sus seres queridos cuando la enfermedad física o mental se cebó en ellos. Poca poesía encontraríamos en sus ajetreadas vidas, dedicadas a labores más sublimes, pero sí mucha entrega sin esperar nada a cambio. A mi mente acuden y no puedo encontrar argumentos para perdonar a la Vida de la dureza con la que las trató.

Si tuviera que relatar la existencia de la mujer que desde el momento mismo que tomó la decisión de unirse a su marido comenzó su martirio, o recordar a quien entregó su vida a su hermano, inválido total, recibiendo a cambio el maldito Parkinson que la fulminó una tarde, solo sería para hacerles justicia.

19.01.2016