Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse. EL DINERO Y LA POLICÍA, NUNCA ESTÁN CUANDO LOS NECESITAS.

lunes, 6 de enero de 2020

TEOREMA

Siempre se me atragantaron las razones o funciones trigonométricas del triángulo rectángulo. Teorema de Pitágoras lo llamaban cuando intentaban quitarme las telarañas del cerebro cosa que, faltaría más, nunca lograron pues yo era muy mío. No me dejaba quitar nada y mucho menos iba a abrir la boca cuando el practicante o el médico, cuchara en mano, pretendían les dejara vía libre para vaciarme la garganta. Luego, años más tarde, comprendí que lo único que pretendían era explorar mis anginas, no dejarme la boca sin dientes.

Volviendo al pintamonas, el maestro se desgañitaba dibujando la hipotenusa de color amarillo para que no la confundiéramos con los catetos. Y aquí ocurrió lo que a don Quijote con la iglesia: no topamos con ella, pero si con el insulto que suponía llamarnos catetos. Y no se cansaba de repetirlo. La historia se repetía: tuvieron que pasar años para comprender que no nos humillaba a nosotros, sus alumnos, sino que los lados del triángulo que formaban el ángulo recto de la figura geométrica, recibían ese nombre.

Fruto de esa cerrazón de entendederas, nunca mientras duró mi estancia en la escuela, mira que ha llovido desde entonces, supe resolver ese famoso teorema. ¿Razón? Elemental, nunca aprendí ni me enseñaron la manera de descifrarlo. La raíz cuadrada, la aprendí por mí cuenta y de esta forma se descorrieron parcialmente mis amadas telarañas. No es lo mismo que te intenten robar a que tú, voluntariamente te dejes. Más complejas resultaron las razones trigonométricas del famoso triangulito. Anda que esa palabreja que siempre me daba la risa o el rubor, el seno o el coseno, la tangente —cuando mi madre me pedía explicaciones y yo me iba por los cerros de Úbeda, siempre explotaba con la misma frase:” ¡No te me vayas por la tangente!”, con lo cual, acababa hecho un lío al mezclar ambas cuestiones— y la cotangente que debía ser la reostia.

No intentaré tirarme el pegote de desarrollar lo mal aprendido para no hacer el ridícalo. Este es un cuento sin pie ni cabeza, EMDO. Sin argumento ni guión, pues lo he escrito de un tirón, lo cual es un mérito en una aburrida tarde de Año Nuevo, donde las telarañas del cielo llevan días sin descorrerse. No llueve ni intención que lleva. Una pertinaz niebla nos ha arrebatado el sol en estos días de fiesta, no sé si para jodernos o por culpa del anticiclón.

Y como corolario a tantas sandeces, les diré que con los años y la práctica, por fin llegué a comprender un poco lo de los senos y demás partes integrantes del más famoso triángulo que nada tiene que ver con el rectángulo.

Que de cuentos ya estamos hartos y la zorra no está para bailes. Sin embargo, dejo la carta a los reyes Magos que entregó Daniel, al rey Gaspar. Lo acompañé a depositar su carta y me contó cuál era su petición. Lo demás, lo añadí yo.

LA CIGÜEÑA
Daniel, se sentía muy solo en casa; deseaba fervientemente que la cigüeña le trajera un hermanito con el cual jugar y urdir rastros por el pueblo. Envidiaba a su amigo Elías; la zancuda acababa de traer a sus padres otro bebé: una niña.

—Eli, no hay derecho, vosotros ya sois cinco hermanos, yo no hago más que pedir a las cigüeñas un hermanito y ni me miran al pasar.

—Pues no sé Dani, nosotros no habíamos pedido nada.

Y decidió cambiar de táctica. Esta Navidad se lo pediré a los Reyes Magos. Con su carta en la mano, se encaminó al Ayuntamiento donde habían instalado los Reyes su buzón. Allí, un falso Rey Gaspar, recogía las numerosas misivas infantiles. Cuando el Rey habló al niño, enronqueció la voz para evitar ser reconocido y guardó su carta aparte. Al llegar a casa tras la jornada “real”, Gaspar abrió la carta del niño recibiendo una sorpresa. Comunicó a su esposa la petición de Daniel, desconocida por ambos. El día de Reyes, junto a los regalos, Daniel recibió una carta del Rey Gaspar: «Querido Daniel: Hemos escuchado tu petición y para el año que viene, haremos lo posible por complacerte. A partir de hoy, pondremos en ello todo nuestro empeño».

Y colorín colorado, este año ha comenzado. Y con esta intervención, quiero despedirme de todos ustedes vusotros. La imaginación, junto con las ideas nuevas, se ha tomado un año sabático. Bloqueo el blog y mi participación en tanto escampa. Au revoire, que dijo Voltaire.

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