Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

jueves, 12 de marzo de 2020

PANDEMIA HISTÉRICA

Nadie hablará de nostros cuando hayamos muerto, pero mientras tanto, joderemos la marrana cuanto podamos.


¿Era necesario montar esta francachela con la incontrolada aparición de este virus? El continuo bombardeo en todos los medios visuales o no, de la contaminación mundial por el coronavirus, al que ahora llaman de otra forma, ha acabado surtiendo el efecto deseado o consiguiente al desorden esparcido. Al margen de los miles de contagios y los miles de muertos, la propagación por tierra, mar y aire de noticias y bulos de toda índole, han llevado a la población a un grado de histeria difícilmente calificable en una sociedad que dice ser adelantada e informada.

Esas gentes informadas hasta la saturación, lejos de seguir las instrucciones y obrar de una manera sensata y ordenada, se comportan como en una estampida de búfalos; vacían las estanterías de las tiendas y supermercados acaparando mercancías que no necesitan "por si acaso", víctimas del histerismo desatado entre la chusma. Son incapaces de razonar que los grupos de riesgo, no en padecer la enfermedad sino en fallecer, no incluyen a la mayoría, pero esa mayoría ha dejado de tener sensatez y sentido común.

Y de esto son responsables los políticos en primer lugar porque viendo lo que se venía encima con tiempo suficiente para tomar medidas, no lo hicieron "para no alarmar". Panda de maleantes cuando no de delincuentes. Cierto es que no se pueden poner puertas al campo, pero sí vallarlo y poner solo una. Los medios de desinformación, televisiones y periódicos de todo pelaje, nos bombardean hasta con el último piojo que ha muerto aplastado en una isla perdida del Pacífico. Y no me estoy refiriendo a ningún ser humano.

El desastre humanitario va a ser épico, pero el económico no le va a ir a la zaga; para colmo hay un gobernante en los USA al que había que condenar a la silla eléctrica. El IBEX español, ha perdido más de 183.000 MM de €. Un cuarto de su valor. Las consecuencias humanas y económicas las verán y sufrirán quienes tengan la suerte de no perecer en el intento.

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