Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

viernes, 22 de mayo de 2020

RETOS LITERAUTAS. Era más que un simple robot

 EL JUGUETE
El juguete estaba debajo de la cama, escondido, donde los anteriores usuarios de la misma lo habían dejado. Era normal que lo escondieran, de haberlo encontrado sus padres se habría liado la mundial.
En el vecindario llevaban mucho tiempo intentando averiguar quien era el gamberro que rompía las farolas de la calle. Era la única manera de poder disfrutar de unos momentos de intimidad en la oscuridad.
Aunque la verdad fue que el hallazgo, a quien encontró el juguete, no le dijo nada; intentó relacionarlo con un objeto de placer pero aquello con forma de “Y” no le decía nada. Y lo tiro a la basura.
Escrito el 21 marzo 2020 a las 19:47


CARICIAS
Difícil se me hace asumir este reto. Quizá si fuera un político al uso, no tendría inconveniente en hacerlo pues aplicar recortes en una rueda que aplastara a mis semejantes siendo yo quien manejara el vehículo –la tijera-, daría igual que fuera el troncomóvil de Pedro Picapiedra o un Rolls Royce de último grito, estilo Yabba Dabba Doo, cabalgado por un irresponsable pelirrojo que dice estar tocado por la mano del dios (del dinero).

Donde encuentro difícil encaje es para la palabra caricia. Ese tipo de recortadores solo conocen el gesto sumiso, la cabeza inclinada ante el gran bwana, que si intentan levantar la vista sus sicarios te la rebanan. Es como intentar acariciar a un tigre, un leopardo o incluso a un cocodrilo; si pones tu mano a su alcance, no es que pierdas la mano, es que detrás va el resto.

Hoy, la humanidad está sufriendo una plaga bíblica de dimensiones incalculables y efectos quizá peores. Si repasamos la actitud de quienes debiendo ser los guías incuestionables e incuestionados de la sociedad y sus protectores máximos, veremos que las virtudes arriba enumeradas, los visten a casi todos ellos.

Van a remolque de las soluciones, no les importan que mueran millones de personas –una bendición del cielo por el ahorro en pensiones que eso va a suponer- y con toda seguridad están maquinando como quedarse con las migajas que queden tras la devastadora pandemia. Si existiera justicia divina, en la que no creo, ellos debían ser los primeros en desaparecer y sus millonarias fortunas, robadas en el mejor de los casos a la humanidad, empleadas en mejorar el bienestar de la sociedad para que nadie tenga necesidad de comer animales que, supuestamente, puedan transmitir esos virus no malignos sino letales para el ser humano.

salu2 hermanos, que la suerte os acompañe.
Escrito el 22 marzo 2020 a las 11:56

SENECTUD REDENTORA
La vecchia signora caminaba trabajosamente arrastrando los pies por la orilla de aquel viejo mar un día gran protagonista de sus grandezas. Sus hijos, alocadamente se dedicaban a dilapidar el legado de sus ancestros. Se sentó en un banco esperando que no volviera a amanecer. No fue así, al poco tiempo unas gentes ajenas la recogieron y con amabilidad le dijeron: hay que resistir, no está sola.
Escrito el 23 marzo 2020 a las 23:16

 INICUOS

Voy a emitir un panfleto que aunque no sea este el lugar apropiado, es lo que me pide el cuerpo basándome en esas tres palabras.
Estoy convencido de que hay más planetas en el universo y de que están habitados. Pero seguro que no hay ninguno de ellos con gente tan miserable como en este país. Ningún camaleón que tras destruir, acuse a los demás de ineficaces.
Después de haber robado millones sin cuento, son incapaces de soltar una lágrima por quienes han muerto y condenaron a tener una sanidad disminuida y sin recursos para favorecer a empresas sin honor ni moral en detrimento de la sanidad pública. No contentos con eso, debemos seguir soportando su verborrea inicua y delincuente acusando a quienes están haciendo lo posible por sacar adelante lo que ha caído con los medios disponibles.
Puede que no estés de acuerdo con mi opinión, pero la verdad no tiene más que un camino, la diga Agamenón o su porquero.
Escrito el 24 marzo 2020 a las 21:08

EL MANTEL

Mi tierra sabe mucho de pueblos abandonados forzados por las circunstancias y de otros que lo fueron a la fuerza.
Jánovas, Ligüerre de Cinca, Biscarrués, etc., muchos otros desaparecidos, otros tantos que desaparecerán. Un mantel de silencio los cubre y la memoria poco a poco desaparecerá sobre ellos al unísono con sus antiguos moradores.
Escrito el 25 marzo 2020 a las 20:55

MIRADAS

Realmente es de las pocas veces que no se me ocurre alguna de mis meteduras de pata en torno a un lema como el de hoy. Ni tengo en mi reposte algún asunto del que echar mano. Pensé en utilizar el lamentable espectáculo que estamos viviendo, pero no sería serio trivializar pero tampoco ignorarlo, máxime cuando tantos compatriotas hace un mes esperaban que la vida les concediera una tregua, hoy han desaparecido víctimas de sí mismos y de tantas imprudencias encadenadas. Del mismo modo que el relato acaba de forma abrupta, consideraron que la residencia se iba vaciando poco a poco y quizá también su existencia corriera la misma suerte. Por si era la última vez, los hermanos miraron por la ventana.
Escrito el 26 marzo 2020 a las 17:52

RUI2

Como no puede ser de otra manera, hoy es imposible de abstraerse a la tragedia que nos invade. Comenzó sin mucho ruido hasta convertirse en un tornado que arrasa vidas y haciendas. Los políticos, esas sabandijas (unos más que otros, todo hay que decirlo), reprimieron y sancionaron al médico chino que alertó de lo que se venía encima. Él murió contagiado.
Esos miserables españoles que después de dejar la sanidad patria desvencijada para entregarla a perros advenedizos en busca de rentabilidad sin importar la salud de los ciudadanos, esos políticos miserables, en una actitud cobarde -no pueden negar la evidencia- se dedican en vez de reconocer su mala praxis, a despotricar contra todo lo que se menea. Todo menos arrimar el hombro, no sea que se den cuenta los ciudadanos de que aquellos polvos, trajeron estos lodos. Malditos sean.

Escrito el 27 marzo 2020 a las 13:08

LA RISA FLOJA

Le alquilaron un piso cutre, en una calle cutre, de un barrio cutre. Sin papeles ni preguntas y con la promesa de “cancelación” del contrato si había demoras en el pago de la cuota. Enseguida averiguo quienes eran los ocupantes del piso de abajo. Las continuas idas y venidas, el trajín de gentes, los cochazos aparcados en la calle, gritaban urbi et orbe de lo que allí se trataba.
Más de una vez estuvo tentado de llamar a la pasma cuando se escuchó una risa del piso de abajo, que acababa siendo cachondeo general, pero lo pensó mejor dadas sus circunstancias. Un día escuchó las sirenas de la policía y sin pensarlo salió corriendo para arriba en busca de la azotea. Saltó a la terraza del otro inmueble y desde allí oteó lo que estaba pasando. De la casa iban saliendo esposados los inquilinos del piso de abajo. Un policía que se había percatado de su presencia, dirigiéndose a él le gritó:
-Tranquilo, que cuando pase este jaleo, ya vendremos a por ti.
Escrito el 28 marzo 2020 a las 21:18

SOLEDAD
Soledad, divino tesoro. ¡Ay no! que era juventud. La que quedó mancillada y arrasada en medio de la tormenta ideada por unos traidores desalmados. La misma que ahora diezmada, culminando la traición, una epidemia incontrolada como un relámpago en la noche, se ha empeñado en hacerla desaparecer.
Una lástima que esos que utilizan el altavoz que entre todos sufragamos, se sientan protegidos y en lugar de aportar soluciones o silencio, que también ayuda, no ocupen el lugar que esa juventud perdida, dejará para siempre en nuestras vidas.
¡¡ARRIBA, ESPAÑA!!
Escrito el 30 marzo 2020 a las 15:22


GAFES

Recuerdo una película de don Paco Martínez Soria ¿El alegre divorciado? en la cual siempre que se cruzaba con un cura, figura muy en el papel de gafe, ocurría alguna desgracia. Hasta que a don Paco le cayó un bote enorme de pintura encima.
Hay muchas ocasiones en la vida que te hacen exclamar “No creía en la mala suerte, pero visto lo visto, las desgracias nunca vienen solas”. Como ahora, y es que yo no creo en las meigas, pero haberlas, haylas.
Escrito el 31 marzo 2020 a las 12:39


ERA MÁS que un simple robot

Era más que un simple robot. Para darme cuenta de ello tuvieron que pasar muchas galaxias.

Fue el día de los Inocentes del año 2086. Tenía un aviso de la agencia COÑA`S MARINERAS en el panel multifunción de casa y le hice un corte de mangas. A veces, cuando no deseaba estar localizable, lo desconectaba y luego recibía una catarata de información llena de basura electrónica; por muchos cortafuegos y antispam que usara, los hackers publicitarios burlaban las seguridades e inundaban de anuncios la correspondencia, los informes oficiales, los periódicos… un desastre.

Como decía, en el aviso, que para más cachondeo señalaba que era TOP SECRET, requerían de mi presencia en la base de operaciones situada en el desierto de la laguna de río Seco, junto a las Montañas de la Luna. Esta era una sofisticada base para lanzamiento interestelar, no un camión lanzacohetes como el de algunos regímenes cutres de comienzos de siglo. Tenían incluso una especie de invernaderos, dentro de los cuales imitaban la atmósfera de otros planetas, con el fin de colonizarlos cuando fuera posible con las plantas y animales que se adaptaban a ellos.

—Prepárese míster Mariano, que va a partir en un vuelo astral en busca de algún planeta habitable para los humanos.

—Fuck you, —o sea, que os jodan—, y lo dicen así, de sopetón. No me va a dar tiempo ni a despedirme de mis amantes.

La deforestación llevada a cabo en el Amazonas por empresas sin escrúpulos, con la aquiescencia de regímenes corruptos, había vuelto loco al planeta. La contaminación, crecida exponencialmente; la capa de ozono, desaparecida y la desertización invadía las tres cuartas partes de la superficie de la Tierra. Por si esto no fuera suficiente, los polos habían perdido el hielo que acumularon durante milenos. A comienzos de siglo, los habitantes del norte viajaban al sur de vacaciones. Ahora ocurría todo lo contrario, los pudientes, o sea, una minoría, pasaban el verano en el polo norte o sur, dependiendo de la estación. Ya solo había verano o chicharrina. Todo se precipitó con el mandato de un xenófobo analfabeto y millonario, al que el planeta y sus habitantes le importaban una mierda.

El viaje ya estaría programado y aunque yo no regresara, nadie iba a echarme de menos (solo los del banco al no pagar la hipoteca, aunque se quedarían con la casa). La nave iría transmitiendo datos de los exoplanetas susceptibles de ser habitados u ocupados, dependiendo del grado de similitud con la atmósfera terrestre. En el caso de encontrar alguno con las condiciones óptimas, una nave auxiliar me facilitaría su exploración.

Partimos un semana más tarde. Y digo partimos porque me acompañaría un androide, al cual decir que solo le faltaba hablar, sería mentir; más bien no le habían enseñado a estarse callado. Con el ordenador de a bordo, un potentísimo chisme que todo lo sabía, organizaban verdaderos debates en lenguaje máquina que yo no entendía. Hasta que con amenazas de desconexión conseguía hacerles callar, al menos de momento.

—Si queréis hablar, hacerlo en humano.

Cuando me veían enfadado, cambiaban de tema y con voz melosa me decían lo que quería oír.

—¿Desea mi amo que le dé un masajito de espalda? ¿Le preparo un baño calentito?

El androide, al que llamaba Sara, —lo mismo pude llamarlo Paúl pues era asexual— era muy complaciente, yo diría que un poco pelota. Guiado por el ordenador central, técnicamente dominaba toda la nave y a mí.

Salimos del sistema solar en un santiamén. Como las ciencias habían adelantado una barbaridad, los sistemas de propulsión antiguos habían quedado arrumbados y obsoletos. Al dejar atrás Plutón, mentalmente utilicé el nombre del planeta. Telepáticamente recibí un “eso lo será tu madre” que me dejó pasmado. Supe que cuanto pensara, aquellas máquinas diabólicas lo descifraban. La oscuridad sideral más absoluta se cernió sobre la nave. Ya no había noche o día. Una pareja de gallinas, macho y hembra, que viajaban con nosotros, la palmaron pues habían perdido el reloj interno y los ritmos circadianos. (Aunque buscamos por la nave sin hallarlos).

Pasaron diez años estelares que, según cálculos de Betty, —al ordenador central habíale dado este apelativo echando en falta la presencia femenina—, significaban casi una vida terrestre aunque mi físico apenas había cambiado.

Por mucho que la nave se esforzara en escudriñar el universo, no obtenía resultados positivos. Mi descanso consistía en largos periodos de hibernación durante los cuales todo quedaba en manos de Sara y Betty. Al despertar de uno de esos periodos, recibí una sorpresa mayúscula: En la nave había una presencia extraña:

— ¡¡Hemos sido invadidos por alienígenas!!

—Tranquilo Mariano, que soy yo, Sara.

—Pero ¿cómo te has transformado?

Mientras dormía, las dos máquinas se confabularon y utilizando la impresora 3d, poco a poco fueron modificando su estructura exterior hasta configurar una figura que nada tenía que ver con la inicial. Hasta la voz, era alegre y melodiosa en ambas.

—Sara ¿todavía no hemos encontrado ningún apartamento en el que poder descansar?

—No sire, me temo que el espacio que estamos navegando o es demasiado viejo o lo contrario. Atravesamos regiones sin ningún tipo de actividad o envueltas en incandescencia.

A partir de entonces, Sara se convirtió en indispensable. Para colmo de la felicidad, hasta entablábamos discusiones que pudiéramos llamar domésticas. Un día Sara me despertó excitada

—Sire, un planeta habitable.

— ¿Dónde estamos?

—Creo que los datos de navegación son incorrectos. Puede ser el planeta Alfa. No lo sé.

—Voy a bajar.

Al tomar tierra, quitándome la escafandra grité ¡Alfalfa!  Y pude percibir un sugerente olorcillo a chorizo de Cantimpalo.

—¡¡Sara!! Baja que nos quedamos.

No me dio tiempo a más. Vi venir una caterva de trogloditas garrota en mano y sin pérdida de tiempo elevé la nave.

—¡¡Sara!! ¡No bajes, que hemos vuelto a la Tierra!


Urgente:

Informa la agencia COÑA’S MARINERAS que el Mariano, enviado en exploración hace tiempo al planeta Alfa, avisa que la nave ha tocado fondo o algo duro al menos. Abierta la compuerta del vehículo espacial, lleno de emoción ha gritado ¡alfalfa! e iniciado el descenso al tiempo que sonaba el himno nacional de su pueblo.

Cuando se disponía a tomar posesión de Alfa: “En nombre del alc…” no ha podido seguir. Tras pisar suelo alfarero, el cobrador del frac, en nombre de no sgabe qué sociedad, le ha exigido el pago de los derechos de autor del himno; otro, los recibos atrasados de la hipoteca; un top manta le ha ofrecido su mercancía y le han multado por alferizar mal. Esas no han sido las únicas sorpresas. En medio de aquél carajal, había una tienda de todo a cien ¡cómo no!, regentada por chinos; y un charlatán vendiendo mantas.

Vuela cabreado porque considera que le hemos tenido por ahí haciendo el primo y engañado. Y se niega a volver pues forma pareja de hecho con el androide y van a establecerse en la Luna, ignorando que en la parte oculta ya hay una colonia de alienígenas, varios gallegos y unos chinos huyendo del coronavirus.
16.04.2020

Problemas en el Café Literautas.

En el nuevo café Literautas, me está resultando imposible poder comentar. Es una web un poco enrevesada, encuentro que blogger es mucho más fácil, al menos para mí. Creo que lo voy a dejar definitivamente a pesar de que hay escritores con los cuales tengo especial sintonía a pesar de que estemos en orillas opuestas.
20.04.2020

Ladran, luego cabalgamos


En las actuales circunstancias, ciertamente que me resulta harto difícil pergeñar algo coherente, máxime cuando lo mío es la incoherencia.

Nací y viví hasta mi juventud en un pueblo de montaña, donde la nieve en invierno era compañera más que asidua. Me recuerdo con pantalón corto y nieve hasta la rodilla, donde para salir de casa, era imprescindible apartar la nieve con una pala. Y de paso, aquel día al menos, no había escuela, bendita nevada.
De igual forma los mayores, y yo en su momento, tenían que hacer una vereda hasta el cercano corral donde permanecían estabulados los animales. En las calles del pueblo, las personas en su deambular, acaban haciendo vereda que si derretía algo por el día, a la noche quedaba convertida en hielo crujiente. Unos enormes chupones pendían de las canaleras; de vez en cuando, por su peso, alguno se descolgaba.

—No lo chupes —advertía mi madre— que luego te picarán las lombrices en el culo.

Y era cierto, ignoro la conexión entre el chupón y las lombrices, pero así era. A rascarse el culo sin conseguir nada. Hasta que la madre o la abuela te tumbaban sobre sus rodillas y con el culo en pompa y armadas de un imperdible de aquellos grandes, te iban sacando las lombrices que te causaban la desazón cular.

Los críos aprovechábamos aquellas nevadas para hacer payasos de nieve, pero éramos más proclives a hacer unas bolas grandes y vaciarlas por dentro tapándolas, para dando la impresión de que eran macizas, el gárrulo de mala folla que solo pensaba en destruirlas, se cayera dentro quedando atrapado en su interior.

Luego teníamos las parideras, almacén de pasto seco para el ganado y dormitorio de los mismos animales: cabras, ovejas, gallinas. Veíamos a los pobres gorriones guarecerse bajo las barderas evitando la nieve. La soledad y el silencio en aquellos días de nevadas profusas, son dignos de haber sido vividos; copos como euros cayendo pausadamente, sin prisa pero sin pausa. Días y días aislados hasta que los caminos, entonces no había las comunicaciones que hay hoy, quedaban mínimamente transitables. Y si se venteaba la nieve, el resultado podía ser épico. En las trincheras del tren minero, junto al pueblo, una máquina de vapor quedó empotrada contra la nieve y tuvieron que enviar otra para que tirara de ella para atrás y así liberarla.

La nieve puede ser maravillosa para quien va a esquiar, pero cuando se tiene que pisar con pocos o nulos medios o soportar la ventisca, mejor quedarse en casa al abrigo de una buena chasca de leña o al amor de una estufa viendo caer los copos, sin prisa, pero sin pausa.

Y eso lo podías vivir en un solo día, con lo cual, las aventuras se multiplicaban en cada invierno.
23.04.2020

La casa de muñecas


Tengo una muñeca vestida de azul… Como cantaba Gigliola Cinquetti  Non ho l’età per amarti, ya no tiene edad ni para amar ni para nada.

El jugar con muñequitas azules, pasó a la historia sobre todo cuando tuvo que enfrentarse a su primer parto. Gemelas. Dicen que esos ciclos se repiten y su abuela, también lo era. Pasó de la casa de muñecas de trapo a tener un par de muñecas que ocupaban todo su tiempo y sin haber tenido un mínimo cursillo de entrenamiento. Casi recién caídos los dientes de teta.

Todo era doble: los biberones, los pañales –entonces todavía usaban los mismos, lavados en múltiples ocasiones-, los lloros y las enfermedades infantiles. Todavía recuerda como a una niña la tuvieron que llevar a urgencias con 40º de fiebre y nada más ingresarla, se puso de sarampión como un tomate. Y la otra, para no ser menos, también se infectó, pero lo pasó en casa. Si tenía a una aupa, en brazos, la otra agarrada a sus piernas llorando, para que la cogiera aupa también. Se quitaban el chupete de una a otra, y la que lo perdía, a llorar. Noches en vela o cirio, qué más daba.

Cada vez que viajaban a París, regresaban con otra pareja de muñecas y vuelta a empezar. Hasta que se cansó y advirtió al Mariano: “A partir de ahora, vas a lavar a mano, haces solitarios o te buscas quien te ayude, pero a Francia, no pienso volver contigo”

A pesar de ser familia numerosa, suspira por un nieto que no sabe si alcanzará a ver. Esos son los recuerdos que le quedan de su casa de muñecas.
28.04.2020



El robot había empezado a espiarlos. Cuando decidieron poner parquet sobre el suelo de terrazo, pensaron que la mejor manera de mantenerlo limpio sería comprar un chisme que habían visto en casa de unos amigos. Les hizo gracia porque era autónomo, no como los repartidores de Globo. El chisme iba y venía sin parar y si tropezaba con algo, daba la vuelta en una carrera inextinguible por llegar a ninguna parte. Solo lo desconectaban cuando se iban a la cama, que no obstante era el tiempo de carga.

Al poco tiempo, pensaron que alguien les había hackeado la red pues aparecían correos abiertos, otros no deseados en un lenguaje ininteligible y hasta tenían el temor de que alguien había intentado acceder a sus cuentas bancarias. Ello les hizo acudir a un antivirus on line que siempre les daba negativo en cuanto a una posible infección del ordenata; además el nuevo sistema operativo incorporaba por sí mismo antivirus y cortafuegos propios, lo cual despistaba más.

Contactaron con un conocido, experto en programación y ordenadores y puso un “cepo” para averiguar qué estaba pasando. Hubo dos días sin movimientos sospechosos pero al tercero comprobaron cómo alguien había accedido a los datos. Y lo más llamativo es que había empleado un lenguaje máquina ininteligible excepto para un experto.

—¡Ah, aquí hay gato encerrado!

Puestos en guardia la noche siguiente, a la hora en que se había registrado el acceso, vieron como el ordenador se conectaba. ¡Un troyano, tenemos un troyano! Con una perplejidad sin límites y la boca abierta, vieron como en el robot se encendían unas lucecitas. Era la señal de que el robot se comunicaba con el ordenador, espiando y robando los datos en él guardados. Le quitaron las pilas y tras constatar que el chisme tenía una memoria secreta, al otro día presentaron una denuncia contra quienes les habían vendido un robot cuatrero.

Hace poco se denunció un tipo de robot, que espiaba a sus dueños.
06.05.2020




MONSTRUOS, S.A.

De imaginación corta, confieso que me resulta difícil imaginar escenas e histerias o historias que no he visto o vivido. No es necesaria la fabulación para hallar, entre los humanos, degenerados que de haber monstruos reales, tal y como la mente visionaria de algunas personas relata, se sentirían avergonzados de la comparación.

Otra cosa es el miedo que, unos más que otros, hemos sentido cuando nos hablaban del hombre del saco o del coco. Tardamos tiempo en descubrir que todo eran engaños para aplacar nuestra resistencia a dormir o a tomar alguna medicina, tanto como la falsedad de los reyes magos, aunque en este caso, éramos más listos que nuestros padres pues seguíamos el juego so pena de hallar a las siguientes Navidades la ventana vacía de algún juguete. Yo “pillé” a mi madre dejando un juego de parchís en la ventana, pero utilicé el truco anteriormente descrito; ya era suficiente con que, siendo crédulo, algún año pasaran de largo sus majestades.

Y miedo de verdad, yo pasaba arrobas. Los había intrépidos que continuamente hacían rastros por doquier sin temor al cinturón de su padre. A mí me enviaban a cerrar, ya de noche, la puerta de la paridera donde dormían las gallinas, y pasaba verdadero terror, no literario sino del bueno. Si alguien hubiera querido gastarme una putada desde dentro de la oscura paridera, hubiera quedado convertido en una estatua de sal, como la mujer de Lot; ella sucumbió a la curiosidad, yo al terror.

Sin embargo, fiel al niño que no me ha abandonado nunca, las historias de monstruos simpáticos me seducen. Es película animada llamada Monstruos, s.a., la he visto varias veces y me sigue fascinando si tropiezo alguna vez con ella en alguna emisora de TV. No voy a relatar aquí el argumento que me figuro conocerán, sino a esos personajes de ficción que arrastran todos los defectos y virtudes que los humanos padecemos.

El monstruo bueno, la niña revoltosa, el monstruo malo, la “jefa” inflexible… Y todo eso no hace falta imaginarlo, está ocurriendo a nuestro lado cada día tal vez sin percatarnos; en nombre de muchos sacrosantos principios, para quien los impone claro está, sin tener en cuenta el llanto de niños y mayores e incluso, como esta maldita pandemia nos está demostrando, sacando lo peor y lo mejor de la raza humana.
26.05.2020

En mi opinión, EMDO, este verano nos tendremos que conformar con contemplar la línea del horizonte marino en un retrato. Y descargar en internet alguna peli pirata. Al menos mientras no le quiten el candado a la entrada de la playa y no tengamos miedo al bichito.
08.06.2020

Juró que le escribiría todas las semanas, pero olvidó que nadie le había enseñado a dibujar las palabras.
01.06.2020





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