Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

miércoles, 20 de mayo de 2020

ESPAÑA, A LA DERIVA


Con un gobierno sin fuerza ni coraje para imponer un mínimo de orden, los ultrafascistas campan a sus anchas. Organizan caceroladas, manifestaciones motorizadas, pintadas agresivas, cuanto les apetezca pues el gobierno no hará nada por impedirlo y las “fuerzas del orden” organizadas en Jusapol, apoyan a los sediciosos.

Cierto es que la situación internacional no está para permitir esas sublevaciones pero está ocurriendo lo mismo que en el 36. En aquellos años previos al golpe de estado, el gobierno sabía que se estaba preparando y quienes lo estaban organizando, pero no hizo nada por encarcelar o ejecutar a los cabecillas. (De ejecutarse, se encargarían ellos mismos más adelante).

Hoy, amparándose en la libertad de expresión y en unos jueces en su mayoría proclives al golpismo, volvemos a las andadas mientras el gobierno, acojonado, no hace nada por encarcelar o ejecutar a esos miserables antipatriotas y antiespañoles que lejos de apoyar, no al gobierno sino al pueblo, del cual ellos llevan siglos autoexcluidos, han emprendido una descarada lucha en su contra.

Se han adueñado de los símbolos externos, banderas, y las exhiben como si fueran de su exclusiva pertenencia. Están llenando de pintadas, no subversivas sino directamente golpistas, las paredes y cristaleras de los edificios. Y no pasa nada, no hay reacción ni por parte del gobierno, cuyo ministro del interior flaquea por la banda de estribor, ni por parte de las fuerzas de izquierda, temerosas de que a ellas las asen a multas y a palos dados los precedentes.

Todo ello unido en una tormenta perfecta junto a los nacionalismos de distinto pelaje que han visto su oportunidad en la debilidad numérica del gobierno en las cortes. La ultraderecha fascista está actuando como siempre, sin rubor ni vergüenza. Ahí tenemos las payusadas, donde más muertes por abandono criminal y dejación de funciones has ocurrido en las residencias de ancianos y ella vegetando por el morro en el hotel/casero de los políticos amigos y dispuestos al canje de favores; al naranjito -lo hizo con anterioridad- viviendo, por el morro, en un intercambio de favores con el amigo del señor X gal natural, el mismo de la payusada; al fracasado, y por muchos años, cobrando como todos sin trabajar ni apoyar el que la gente deje de morir; al otro, ¿qué otro? ¿no tenemos bastante con estos?

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