Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

sábado, 3 de octubre de 2020

DESPISTES ONÍRICOS

 Me gustaría tener a mano a alguien que supiera interpretar los sueños del mismo modo que el faraón tuvo a José. La mayoría de las veces son absurdos y algunas, inconfesables. ¿El cerebro elucubra con aspectos y actitudes que despiertos no nos atrevemos a reconocer a nosotros mismos?

De esta madrugada me han quedado retazos de dos que no tienen por donde cogerlos.

Sueño 1.- 

Estábamos en la puerta del horno, lugar de encuentro de chicos y grandes a lo largo de los años, -por supuesto mi edad no era la actual ni mucho menos- y había como una cisterna grande con agua y una tapa en el centro. Daba la impresión de que por allí quisieran salir "gentes" que habitaban bajo la superficie de la tierra. De pronto comenzaron a disparar contra la tapa y yo hui rápidamente. Llegué a la esquina del horno y de allí a toda pastilla hacia mi casa. Me refugié en el callejón aledaño a ver si venía alguien. Yo, estaba desnudo. Un carro tirado por un mulo, bajaba calle abajo, eran gente forastera y yo temía que la gente de los disparos apareciera en cualquier momento. Del carro se baja uno que viene a donde yo estoy a mear. Lo espanto y se va al rincón de casa. Baja otro carro. Yo voy corriendo a casa temiendo encontrarme la puerta cerrada, no es así. Entro y cierro rápidamente la puerta de arriba con llave, esta va muy dura. A la puerta de abajo le pongo el hierro que impide abrirla. Grito a mis padres "Nos están invadiendo". Fin del sueño o de lo recordado. (Cuando yo era adolescente, la puerta tenía dos partes: una superior con la cerraja y otra inferior con un hierro que impedía abrirla).

Sueño 2.-

Estamos cuatro personas. Yo abrazado firmemente a una chica en actitud amorosa, enamorada. Según el sueño, es la chica de la mochila azul ¿?. Le digo que yo estuve enamorado de ella en mis años escolares y esta parece estar a gusto conmigo. Las otras dos personas, no sé quienes son aunque es posible que una de ellas sea su marido. Más tarde, después de varias tontadas sin sentido, la vuelvo a ver, aunque no estoy seguro que sea la misma, y me acerco y la acaricio diciéndole las mismas palabras.

Sueño 3.-

De este solo recuerdo que atrapo una paloma al vuelo a la cual acaricio y supongo que suelto. 

Sin duda, nuestro otro yo, vive una vida distinta a nosotros. A veces nos hace felices y otras nos amarga el día. Las más de las veces.

Cuando iba a tirar los tejos a la vecina, me he despertado.

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