Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse. EL DINERO Y LA POLICÍA, NUNCA ESTÁN CUANDO LOS NECESITAS.

viernes, 30 de octubre de 2020

TAIFAS PARA DESTRUIR UN PAIS

En esta península a la que llaman Ibérica, han debido ocurrir hechos de todo tipo y por toda clase de alimañas. Por eso quizá hayamos heredado lo peor de cada especie, única forma de entender el comportamiento cainita y filibustero de sus habitantes.

Según los libros de historia, por aquí han realizado sus correrías desde los neandertales o quizá otros homínidos más primitivos, hasta los millones de visitantes de todo el mundo que lo hacen en la actualidad. No está claro ni se ponen de acuerdo sobre quien fue primero, si el huevo o la gallina. Yo me ceñiré a lo que aprendí en la escuela, pues eso no ha cambiado nada desde el siglo pasado.

Iberos, celtas y celtiberos, han dejado su huella en la península, de eso no hay duda. Luego vendrían los suevos, vándalos, -centroeuropeos que como su nombre indica no han mutado gran cosa con los actuales- y los alanos. Los fenicios, provenientes de lo que actualmente sería El Líbano, que se establecieron por Cataluña, de ahí que a los catalanes, con mala sombra, se les llame fenicios. Supuestamente el nombre de España proviene de ellos, pues la llamaron así, spen o span tierra de conejos, por ser prolíficos en ella.

A estos los siguieron o expulsaron los griegos, menos comerciantes y más intelectuales pero no menos belicosos. Los cartagineses, procedentes de Cartago, en lo que hoy es Túnez, desalojaron a los griegos y se establecieron en Cartago Nova, Cartagena. Asdrúbal, Aníbal o Amilcar Barca serían sus más conocidos caudillos. Tras una lucha a muerte por la hegemonía en el Mediterráneo con los romanos, Escipión, el Africano, destruyó Cartago. La dominación romana, sería la que más huella dejaría en la cultura hispana.

A estos les llegó su hora cuando los godos centroeuropeos, hartos de la dominación romana y aprovechando la decadencia del imperio, invadieron Hispania y Roma. Y desde entonces, cada año vienen más. A los godos les sucedieron los visigodos, que debían ser hermanos pero no primos. Fruto de las disputas entre ellos, herencia eterna que nos delegaron, y las traiciones a las que tan dados son los humanos y en esta tierra en concreto entusiastas, los moros invadieron la península. En tres años habían llegado al Cantábrico y solo se les resistieron algunos visigodos que habitaban en Asturias y en Aragón.

Ciertamente fueron estos invasores, que no vinieron de urlaubs, holidays o como quiera que le llamen a pasar unos días sin dar un palo al agua sino para quedarse, los que más años permanecieron en la península. Desde el 709 hasta 1492. Su final, fueron tiempos de luces y sombras, de fanatismo religioso y político. Si atendemos a los años de estancia en la región que más tiempo permanecieron, la genética nos demostraría que a pesar de las mezclas, su ADN tendría más componente moro que cristiano, dicho esto sin ánimo peyorativo.

Pero o bien esos componentes ya los traían o los adquirieron aquí, lo cierto es que nos legaron los reinos de taifas, precursores de las actuales autonomías y que significaron la ruina del sultanato de occidente y que acabarán con el statu quo actual de esta tierra llamada España. Según la leyenda, en Camañas, pueblo de la provincia de Teruel, había un rey moro. Desde el punto de vista actual, un cachondeo, vamos.

Las taifas musulmanas, fueron degenerando lo que en tiempos de Abderramán III resultó ser un califato modélico en cuanto a orden y cultura donde convivieron las tres culturas/religiones en paz y libertad, en una anarquía con multitud de reyezuelos que lo mismo guerreaban entre sí, contra los cristianos o en una mixtura egoísta de todos contra todos, bien para conservar sus dominios o para ampliarlos. Lo cierto es allí comenzó el principio del fin, en las luchas intestinas por el poder, de igual modo que se desmoronó el imperio romano del que formó parte esta península.

Todas estas consideraciones sin fundamento, vienen a colación para reflejar el estado actual de esta nación (que no la Península Ibérica, afortunadamente para los portugueses). Hemos retornado al estado de taifas donde unos no se sienten parte integrante del todo y quieren desgajarse; otros, sin llegar a tanto, desean lo mismo pero a poder ser, pagando el resto el banquete y limpiando la vajilla; otros, no desean ser esclavos de los demás, pero no renuncian a nada y mucho menos a su parte del pastel; todos, en fin, quieren ser dueños absolutos de la república independiente de su casa.

Los más pragmáticos los vascones, que habiendo sido los más rebeldes parece ser que han llegado a la conclusión de que con España vivimos mejor siempre que en nuestra casa nos dejen hacer y si necesitamos algo, lloramos y acuden solícitos a socorrernos. Vivimos en comunidad, pero el recibo de la misma es por cuenta del casero.

Los fenicios, o sus herederos, se han empeñado en emanciparse pero sin dejar de llorar para que la paga no deje de fluir puntualmente mientras ellos se autoexilian a donde Napoleón perdió el orfeón con els diners de los charnegos. Curiosa similitud con el cuco que explota a sus cuidadores.

De nuevo cuño, ha salido una nacionalista española y muy española, que va a dejar en pañales al resto de invitados. Paradigma de lo que no debe ser un servidor público, a esta nación le ha salido no un grano en el culo como pudieran ser los anteriores, sino en el corazón del territorio. Veleta arbitraría y analfabeta, es capaz de hacer y decir una cosa y la contraria sin que le salgan los colores ni titubear. El otro día dejó en ridículo a dos colegas suyos tras una reunión; en la rueda de prensa mientras ellos dijeron una cosa, la cual los tres habían acordado, ella en último lugar, desmintió lo que los otros habían afirmado. Se ha convertido en la oposición al gobierno de la nación: es la inefable (malvada, maligna, pérfida, perversa, vil, canalla, maléfica, execrable, infame, injusta, diabólica, cruel...) IDA.

El resto de reyezuelos, sin mayores reivindicaciones, se limitan a medrar, ellos y sus correligionarios y a que los dejen en paz. Los hay que juegan a dos barajas, o eso parece, olvidándose, como el resto, que ellos están para servir al pueblo no para servirse de él.

Y a todo esto, el puto coronavirus avanza a pasos agigantados mientras esta caterva de inútiles se dedican a pelearse entre ellos.

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