Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse. EL DINERO Y LA POLICÍA, NUNCA ESTÁN CUANDO LOS NECESITAS.

lunes, 16 de noviembre de 2020

EL AMOR, ese hdlgp

Tuve una tía, gemela de mi madre, a la cual acompañaba siendo un enano y una noche en la puerta de su casa presencié la parte cruel del ¿amor?, “ese hdlgp”. El novio o quien pretendía serlo, que a tanto no alcanzo a recordar, recibió unas cucurbitáceas dignas de mejor causa. El mozo, lloraba desconsolado en tanto que mi tía le negaba el pan y la sal. No pudo ser, acabaría casándose con otro.

Antaño, los seminarios de curas y los conventos estaban a rebosar de ingresos causados por desengaños amorosos. En el pueblo, una pareja que ya iban camino del altar, se deshizo y ella acabó de monja. Su madre impidió la boda alegando que tendrían hijos, ¡hay que joderse!, no iban a tener mequerros. Ella, la madre, tuvo tres hijas -dos monjas- y dos hijos.

No serían los únicos que vieron quebrarse sus vidas por desengaños amorosos. Creo que había o hay cuatro o cinco monjas más y varios curas. La religión era el refugio de quienes despechadas/os o doloridas/os, acudían a ella como red en la que hallar un porvenir estable lejos del mundanal ruido.

Pero la historia/leyenda que ha dado la vuelta al mundo fue sin duda la de los Amantes de Teruel. Mi tierra. Este fue un amor muy desgraciado, los felices no trascienden. Los padres de la chica, Isabel, no querían al pretendiente, Juan, a pesar de ser buena familia, porque carecía de fortuna. Este se marchó en busca de la pela a guerrear en tierras de moros, dueños de media España por aquel entonces. Se dieron cinco años de prórroga antes de casarse Isabel, a la cual no le faltaban pretendientes. Hubo uno, señor de Albarracín –los lectores españoles sabrán donde se encuentra esta población cercana a Teruel capital- don Pedro de Azagra, que les hacía tilín a los padres y a pesar del rechazo de Isabel, al final esta acabó claudicando. El despiste de Juan con las fechas, facilitó las cosas.

Se casaron y entonces volvió el pobre Juan, rico. Intentó que Isabel, en el lecho matrimonial –anda que el pillín tenía temor a nada- le diera un beso. Esta fiel a su marido, le negó el beso y Juan del soponcio la palmó in situ. Luego, cuando estaban haciendo el funeral de corpore insepulto, Isabel, presa de mala conciencia, se acercó al túmulo funerario y le dio el beso negado en vida. Acto seguido, quedó muerta encima de Juan.

A pesar de que parece que cuento la historia en clave de coña marinera, la procesión va por dentro. Yo reescribí esta leyenda para un concurso narrando el regreso de Juan; ahora, cada año el calendario marca para san Valentín, celebrar un espectáculo teatral en las calles de la ciudad, reviviendo la boda de Isabel y la muerte de ambos. Mi versión, se titula “El Regreso” y andará perdida por el blog.

“Aunque sabía que nunca sería Estrella que iluminara su portal, volvía al pueblo con la esperanza de verla. Desesperado, bajo una copiosa nevada que no cesaba de caer, vagó sin rumbo intentando serenar su recuerdo; sorbiéndose las cálidas lágrimas que sin cesar fluían de sus ojos mezcladas con los copos de nieve que suavemente enfriaban su mejilla. Escribió su nombre en la nieve al tiempo que clamaba al cielo, ¿por qué?”

Y yo me he preguntado muchas veces ¿es posible llevar el amor adherido al corazón o la mente, como una hiedra asfixiante, y no haber sentido NUNCA el deseo carnal, ni siquiera un triste solitario, que se supone debe existir entre un hombre y una mujer? Leí que un hombre tiene los años de la mujer que ama; conozco a varios que de ser así, no hubieran envejecido.

Lo dicho, el amor EMDO, “ese hdlgp”.


http://www.elromanticismo.es/datos/documentos/pdfs/dataciondelahistoria.pdf

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