Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse. EL DINERO Y LA POLICÍA, NUNCA ESTÁN CUANDO LOS NECESITAS.

jueves, 31 de diciembre de 2020

TARDE VIEJA

Muchas son ya las nocheviejas que he vivido, una por año. Unas han pasado sin pena ni gloria y muchas han pasado sin gloria ni pena. Conservo recuerdos de las nocheviejas que sí pasaron con pena, no demasiadas, hace muchos años y otras no tantos. Pero sin duda esta nochevieja tiene en común para toda la humanidad, el momento tan trágico que nos está tocando vivir. 

Para unos porque no la vivirán pues quedaron por el camino, para sus deudos porque echarán de menos a las personas que cayeron víctimas de la pandemia, las familias vieron desaparecer a miembros que en ningún momento contaban con ese trágico fin y para todos en general, el miedo, el confinamiento, la imposibilidad de poder desplazarse dentro del territorio inclusive para poder asistir al funeral de personas queridas.

Esta nochevieja y este año, serán recordados por las generaciones futuras del mismo modo que las pasadas recordaron la gripe de 1918, que acabó con la vida de más de 45 MM de personas en todo el mundo. Esta, a pesar de los avances en la investigación y la ciencia, ya habrá superado los 2 MM entre fallecidos directos e indirectos. 

Hace años que no brindo con cava la llegada del año nuevo, no me sale ni tenía motivos -aunque eso es falso pues motivos siempre se tienen, el hecho en sí de poder rechazar el brindis aunque sea por uno mismo, es motivo más que suficiente- pero este puede que descorche una botella de cava de Cariñena, que lo hay y bien bueno en Aragón, para romper el mal fario y desear que llegue pronto y en condiciones la próxima nochevieja de 2021.

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