Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

sábado, 16 de enero de 2021

EL BIT PERDIDO

Eran las navidades de un año de comienzos de la tercera decena del siglo XXI. Prácticamente superada la pandemia que había azotado a la humanidad a finales del año 2019, durante todo el año siguiente y disminuyendo los contagios en el 2021 gracias a las vacunaciones masivas, libres ya de las limitaciones que habían sido necesarias para controlar la propagación del virus, la gente se echó a la calle con ansias de recobrar el tiempo perdido en confinamientos, miedos, hospitales y cementerios.

Llegado el día de Navidad, Juanico, exultante y presumiendo del teléfono que Santa Klaus le había regalado la noche anterior, quiso enviar un wasap a su amigo Isidoro. Él pretendía invitarlo a ir a patinar en la pista de hielo del polideportivo y de paso darle envidia, del mismo modo que en verano para su cumpleaños continuamente le restregaba por los morros el nuevo chisme de 5G que sus padres le habían regalado.

Se estrujaba la cabeza intentando hallar una frase que resultara llamativa pero su imaginación, perezosa, no daba con ella. Recurrió a míster Google y no topó con nada que fuera gracioso e impertinente a la vez. Tal vez aquella frase que empleaba su madre cuando ante una petición que consideraba fuera de lugar, le contestaba con un desabrido “a espigar centeno que tiene la paja larga”. Pero fuera de contexto no quería decir nada. Bueno como casi todo; si se explica mal o carece de coherencia, pueden acabar mirándote como a un bicho raro. Imagínate que ante un sol de justicia se te ocurre decir “cómo llueve hoy el sol”, lo mínimo pensarán que eres un pirao y con razón.

Al final se decidió por emplear la base de su madre pero no literal: “Centeno, te invito a patinar en la pista larga y un sorbete con paja”. Ya satisfecho, le dio a enviar.

El tráfico internetero era más que intenso, estaba bloqueado. Se había liado tal barullo en la red, que los diferentes mensajes intentaban no quedar esparcidos por la autopista generando una sopa de bits imposible de aclarar; ni la fibra óptica ni el 5G eran capaces de mantener un mínimo de orden en aquella bullabesa.

—Oiga, que me envía usted en dirección contraria.

—Guardia, que solo vamos la mitad de los bits, a los otros los ha enviado a Suráfrica.

—Es imposible, ya llevamos más de cinco horas en este embotellamiento.

Los mensajes, ya comenzaban a hacer amigos en aquel maremágnum de ceros y unos.

—Cuidado, 01101110 01101111 00100000 01101111 01110011 00100000 01110011 01100101 01110000 01100001 01110010 11101001 01101001 01110011 no os separéis, no rompáis la cadena.

—Y usted ¿Dónde va si no es indiscreción?

—Nos han enviado a dar noticias del nacimiento de un niño, pero a pie habríamos llegado antes. A esta marcha, igual 01101000 01100001 00100000 01110100 01101111 01101101 01100001 01100100 01101111 00100000 01101100 01100001 00100000 01110000 01110010 01101001 01101101 01100101 01110010 01100001 ha tomado la primera comunión cuando lleguemos. ¿Y usted?

—Una invitación de un niño a otro para ir a patinar.

Un poco más allá, comenzaron a oírse voces airadas.

—Oiga usté, no intente colarse que yo llevo bastante más tiempo esperando.

—Perdone, es que he visto un huequito y solo pretendía llenarlo.

—Pues no se pase 01110101 01110011 01110100 11101001 00100000 01100100 01100101 00100000 01101100 01101001 01110011 01110100 01101111 usté de listo, aunque haya un huequito, no es suyito sino miito.

Sin duda la red, aparte de saturada, se estaba calentando.

—Pero oiga, que yo voy a Nueva Zelanda, no a la Laponia.

—¿Qué dice de Polonia?

—Nada, nada, un señor que reclama una nueva 01100010 01110101 01100110 01100001 01101110 01100100 01100001 bufanda y le entregan una colonia.

—Si es que hay gente pa tó.

Así entre dimes y diretes, achuchones y cortes en las cadenas de bits, en medio de un caos monumental, los destinatarios iban recibiendo mensajes con el más disparatado contenido. Desde bodas que se clausuraban, divorcios o peticiones de mano fuera de contexto, hasta noticias desagradables que afortunadamente en la mayoría de los casos no se cumplieron o los destinatarios de las mismas acusaron recibo consternados.

—A ver, 01100001 01100111 01110010 11111010 01110000 01100101 01101110 01110011 01100101 agrúpense por operadoras.

—Vaya, ya empezamos a discriminar, como siempre.

—Los Mr (muy rácanos) por aquí, a continuación los de Nll (nunca llegan) y después que estos hayan salido, 01100001 01101100 01101001 01101110 11101001 01100101 01101110 01110011 01100101 00100000 01110000 01101111 01110010 00100000 01101111 01110010 01100100 01100101 01101110 00100000 alinéense por orden de antigüedad.

—¿Y los de mi pueblo cuando pasan?

—Ustedes 01101100 01101111 01110011 00100000 11111010 01101100 01110100 01101001 01101101 01101111 01110011 00101100 00100000 01110000 01101111 01110010 00100000 01110000 01110010 01101111 01110100 01100101 01110011 01110100 01100001 01110010 los últimos, por protestar.

—¿Ah sí? 01110000 01110101 01100101 01110011 00100000 01100001 01101000 01101111 01110010 01100001 00100000 01110110 01100101 01110010 11100001 00100000 01101100 01101111 00100000 01110001 01110101 01100101 00100000 01100101 01110011 00100000 01110101 01101110 01100001 00100000 01110000 01110010 01101111 01110100 01100101 01110011 01110100 01100001 pues ahora verá lo que es una protesta.

Atacando en cuña, como las hordas cesaristas, no dejaban títere con cabeza, en este caso los mensajes en espera. Fue un completo desastre; la red colapsó y no quedó puchero sin romper. Los usuarios intentaron contactar con sus correspondientes operadoras de telefonía pero ni por esas, solo funcionaban los walky talky o las radios que emitían de forma autónoma. Tanto las señales analógicas como por fibra óptica, quedaros anuladas. Móviles de última generación o fijos del año pum quedaron momentáneamente, es un decir pues los momentos se hicieron constantes e interminables, inservibles. Aquel día, sería señalado con letras rojas en los anales de la mensajería telefónica.

¿Y quién era capaz de reorganizar el desastre mundial de millones de mensajes colapsando y perdidos en el éter de la fibra y el 5G? Nadie.

Y yo, ante este desastre incapaz veome de descontrolar el putiferio este letras de. Solo añadiré que Juanico recibió al tiempo un mensaje en el móvil: “Si los tontos volaran, qué pocas alpargatas romperían”.

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