Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

lunes, 18 de enero de 2021

SELF MADE MAN

 No he conocido a nadie que haya hecho tanto por sí mismo como este hombre. Como dirían los americanos, es un self made man. El último vástago de una familia bien nutrida, en número, creció un poco nómada pues su padre, trabajador del tren minero, para evitar los desplazamientos invernales desde el pueblo, se iba a vivir con la mujer al barrio minero de la estación en Las Minas de Ojos Negros. Allí iba a la escuela. El resto de hijos, mayores ya, quedaba en el pueblo un poco sálvese quien pueda. No eran labradores a pesar de tener tierras; poseían, que yo recuerde, la única vaca que había-hubo en el pueblo.

Yo tenía querencia a juntarme con él y con otro de su tiempo y mi madre siempre me renegaba por arrimarme a ellos. "No vayas con ellos que son más grandes que tú". Argumentaba mi madre que hacíamos rastros y los muy granujas siempre me echaban la culpa a mí. Cosa difícilmente creíble por esa diferencia de edad, solo tres quintas, tampoco era tanto. Un día estábamos en Las Desillas, y el muy vaina me ató con una soga y se largó. Bien es verdad que fue de común acuerdo pero ¡cómo iba yo a imaginar que no me iba a desatar dejándome allí tirado en el suelo! Alguien que pasó por el camino me liberó.

No recuerdo si hizo la mili o se libró, apostaría que no. La cuestión es que, presumo, en cuanto cumplió los 18 años marchó a Zaragoza. No sé quién le facilitó el trabajo, posiblemente alguien que ya trabajaba en la empresa. En aquellos años, no había otra que mimara al obrero tanto. A finales de año, entregaban una paga de beneficios a los trabajadores que suponía más que el salario anual que cobrábamos en otras empresas. 

Podría haberse dedicado a frecuentar los bares y la juerga como la mayoría, pero él tenía muy claro su futuro. En horario nocturno, estudió en la escuela de San Valero, Oficialía Industrial y después Maestría Industrial, rama electricidad, pues esa era la actividad de su empresa. Construcción de transformadores. Pasó del taller a la oficina técnica, con toda la responsabilidad que eso conllevaba. Viajes a los EE.UU., a la central nuclear de Cofrentes, a la GM cuando se instaló, etc. Cuando una empresa extranjera abdujo a esta vieja empresa, los lechuguinos nuevos, ya lo trataban como a un trasto viejo y le dieron pasta y se jubiló. Toda su vida laboral la hizo allí.

En aquellos años de estancia en el pueblo, había un hermano mayor que él que tocaba el acordeón. Esa vieja acordeón. Este hermano estuvo en Teruel estudiando el asunto pero una maldita enfermedad lo fue invalidando hasta dejarlo completamente inútil y rígido. Tengo para mí que fue EM o ELA. Poco a poco aprendió a sacarle rendimiento al instrumento y nosotros mozalbetes aspirantes, le pagábamos diez duros por sesión los domingos. Hasta del pueblo vecino lo buscaban para tocar en las fiestas y bodas.

Sin duda, nuestras correrías y aventuras en el pueblo, dieron para mucho más de lo que aquí se cuenta. Él marchó mucho antes que yo. De aprendiz de cualquier cosa, a mí no me hubieran pagado ni pa pipas. Así que cuando llegó el momento, a mi me encontraron un curro ¡de pinche de cocina! Ay que joderse. Me quedaban doscientas pesetas para pasar el mes, el resto, había que pagar el hospedaje ¡y eso que comía en el curro! Si a mí me hubieran admitido en su empresa aunque solo hubiera sido para recoger las virutas.... Con los años, seguí sus pasos -es un decir- y con sacrificio, obtuve el título de FP III, Formación Profesional Superior, pero no le saqué tanto rendimiento, aunque sí una gran satisfacción al obtenerlo. Se hace muy duro acudir al instituto, levantarse a las cinco de la mañana y sacar las asignaturas adelante. Parafraseando el título de una película: "Nadie se acordará de nosotros cuando hayamos muerto". Pues que se jodan.

Este hombre, es familia mía. Su padre y mi abuelo, eran hermanos. Mi madre y él, primos hermanos. Su hijo mayor, ¡mi yerno! Qué cosas pasan. Más buenos que el pan. De los que llamarían tontos por no meterse en problemas. Pero yo me enorgullezco de ser pariente y amigo suyo ¡y consuegros!





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