Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

sábado, 22 de mayo de 2021

LA ESPAÑA VACIADA

Soy uno de los millones de desertores del arado que somos responsables directos del vaciado de la España interior y aunque ese baldón no nos lo podremos quitar de por vida, los verdaderos responsables de esa despoblación no se encontraban entre nosotros (ni se encuentran).

Ahora, ya retirados de la vida productiva en los tajos, en las fábricas y las obras -fuimos carne de cañón de los anarcocapitalistas y lo seguiremos siendo- de vez en cuando volvemos al pueblo a vigilar que no se hundan las casas y corrales. Todavía quedan algunos irredentos que contra viento y marea se han mantenido agarrados al terruño permitiendo que los pueblos no murieran del todo. Al menos hoy, las calles están iluminadas aunque por la noche no se pasee más que alguna zorra en busca de comida. Y esto no es poesía, es la realidad. 

Para todos está resultando complicado el sobrevivir. Ya no hay cultivos y huertos en los cuales los conejos -diezmados por la mixomatosis- puedan alimentarse y eso repercute en toda la cadena alimentaria, tanto de pelo como de pluma. Ayer me fijaba que todavía se ven volar algunos vencejos, nada que ver con los que había cuando yo era chaval. Sin embargo, se ven golondrinas, aves que en esos años, no se veían en el pueblo y las tórtolas invasoras.

Pues nada, que ayer, levantado el confinamiento, vine a dar una vuelta a la casa y otras posesiones!!. Todo seguía igual exceptuando los corrales, invadidos por una pléyade de hierbas que lo inundan todo. La casa como una nevera, madre que frío y eso que había más de veinticinco grados en el exterior. Fuego a todo meter a la estufa de leña, y claro, hay que abrir la puerta de la cocina porque te asas; si la mantienes abierta, las piernas heladas.

Todavía falta tiempo para que retornen los "exiliados", los que queden, que cada año alguno va abandonando este placentero mundo. Una mujer, una quinta mayor que yo y tertuliana en las tardes veraniegas, está en fase terminal; una concatenación de males, se la llevarán pa'lante. Es indiscutible el cambio operado en las casas del pueblo (no todas, que las hay que se están hundiendo). Incluso hay atrevidos que se las hacen nuevas, hasta chaletes, son los hijos o los nietos de la diáspora. Vine ayer y me voy mañana. Nada me obliga a realizar una acción u otra, pero nos hemos vuelto viejos llenos de achaques y eso marca. El frío de la casa, la incomodidad que hace echar en falta al sillón columpio, me llaman a volver al bienestar de la calefacción o el aire acondicionado. Y la temperatura del valle del Ebro, no es la misma que en la Sierra Menera.

Tenemos -es una forma de hablar- un castillo al cual yo de crío subía con los colegas a buscar nidos de pajarel, tordejas, zorribalvas, calinroyas, grajas, alcotanes... y a tirar piedras de las almenas por una cuesta espeluznante. Pues con el nuevo maná del turismo, tras rehabilitarlo, la de gentes que pasan por aquí. Pero la falta de profesionalidad -hostelera- de unas gentes que solo buscan vivir del cuento, impide que de verdad sea un aliciente que repercuta en el pueblo. Es vergonzoso que los visitantes vengan buscando donde comer y haya que enviarlos a pueblos vecinos. Al final será verdad aquello de que cada cual tiene lo que se merece.

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