Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

lunes, 12 de julio de 2021

SILENCIOS

"Quien no escucha tus silencios, no entenderá tus palabras".

Esta frase, leída en un periódico y pronunciada por una persona, me hizo reflexionar. Y no puedo estar más de acuerdo aunque quizá también hubiera necesitado otra reflexión ¿Entiendo mis palabras y escucho mis silencios? Estos, la mayoría de las veces, ocultan una multitud de palabras e ideas nonnatas. Las ideas que bullen en nuestro cerebro son mayoría respecto a las plasmadas en palabras habladas o escritas. 

Nunca reconoceremos todos esos pensamientos apócrifos que pondrían en entredicho nuestra careta de cara al exterior. No seamos hipócritas; yo no soy ni mejor ni peor que los demás, las almas puras no existen y esas que creen serlo, lo más posible es que sean farisaicas. Como es natural, no voy a propalar urbi et orbe los pensamientos puros o impuros que bullen en mi mente. Las mujeres con las que me hubiera acostado, y a quienes he deseado males a mansalva. Vaya un recuerdo para la pelirroja: "Nunca te podré olvidar, porque me enseñaste a amar". (Mi Pepito Grillo me susurra ¿y a las que no te amaron? A esas ni agua).

Mientras escribo esta diatriba, escucho a un obispo que está celebrando la misa. Mi madre la está viendo, que no oyendo. Anda que si alguien derrapa en sus actos respecto a las palabras y actitudes que dice profesar, son estas gentes. Esto si que lo puedo decir y ya con anterioridad lo he expresado: No creo en dioses que nos están esperando en jardines llenos de huríes o para enviarnos al fuego eterno. La realidad es que nadie puede afirmar que exista esto, lo otro o lo contrario. 

Pero solo viendo la magnitud del Universo, cae por su peso la verdad irrevocable de que haya un dios amigo o enemigo de los seres humanos en razón de los intereses espurios de las castas dominantes. No necesitamos enemigos, con nosotros mismos nos bastamos ¿Qué es un humano, producto actual de la evolución de una especie, respecto de ese mismo Universo? Nada. No puedo negar, porque no lo sé, qué puede haber ocurrido para la existencia u origen del Universo; si detrás de él existen otros seres, por llamarles de alguna forma. Solo tengo una cosa segura contra la cual me rebelo: toda la vida, tiene que morir. Entonces ¿a qué fin existe ésta?

A Dios lo creo el hombre a su imagen y semejanza, no al revés.

Yo soy esclavo de mis palabras y dueño de mis silencios.

(Joder, ni que hubiera comido guindillas).


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