Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

jueves, 30 de junio de 2022

ALIEN

En la letra de la canción de Celtas Cortos, 20 de abril del 90, hay un verso que dice: "pero me encuentro vacío", como en otra canción que no recuerdo título y propietario, "así estoy yo".  Como en la novela de García Márquez, "El coronel no tiene quien le escriba". En otras ocasiones, ahogaba estas diatribas en el orujo de finas hierbas de Ruavieja, pero esas alegrías quedaron en el olvido, como la canción "Dos cruces". Me he convertido en un almacén de azúcar ácido.

"Miedo, tengo miedo" de que me pase algo y como estamos en el desierto de Sierra Menera, pasen los días sin que nadie me eche de menos y Laika pudiera sufrir las consecuencias. Es una garantía de que no cometeré actos impuros, soy su seguro de vida y ella es el mío. ¿Quién lo iba a decir? El cuñao, que está empeñado en dimitir, cuando obraron en el corral aprovechando que habíamos planificado el cambio del tejado que amenazaba con hundirse, dejó una enorme viga que tendrá dos palmos de diámetro, o más, donde estaba. 

Todos, dos o tres, censuramos la acción, pero... Ahora alguna vez, todos los días, la contemplo y tengo pensamientos volátiles, sin ninguna convicción todo hay que decirlo, que podríamos llamar suicidas pero no hay peligro, mi cobardía y sobre todo la salvaguarda de mi perrita, lo impedirían. Ni muerto podría soportar que por mi culpa, ella muriera de inanición.

Porque, vaya putada. Te mueres, voluntariamente o a la fuerza, y no hay vuelta atrás. Debería ser más flexible el asunto. Tener la opción de regresar si querias, al menos una vez, aunque no recordaras el más allá. Pero claro, igual cabe esa posibilidad pero a la vista de lo que dejamos aquí (y desconociendo lo que hay allí), ninguno ha querido regresar. Vaya Scheisse, pensar que en media hora no queda ni el recuerdo de como eras o aguantar metido en el arca la podredumbre, es como para pegarse un tiro por más apego que le tengas a la vida. Los escorpiones, cuando les entra el pánico, se suicidan haciéndose el haraquiri. Lamentable pero cierto.

Hay tantas cosas que no comprendo y me rebelo contra tantas certidumbres, que siempre acabo igual. A la mierda. Aún dicen... Soy como el perro apaleado, que a pesar de los desdenes y los palos, sigue amando al dueño. Anque sea un/a hijo/a puta.

Y todo esto sin orujo, que si me llego a tomar dos chupitos...

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