Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

miércoles, 1 de junio de 2022

IN AL-BIS

Hay infinidad de cosas que me repugnan, pero me tapo la nariz. A fin de cuentas, no soy nadie y hasta mi voto, no sirve de nada. Hoy estamos sufriendo una escalada de la ultraderecha y quienes debieran hacer lo imposible por protegernos de esas alimañas, hacen todo lo contrario. En Egpaña, con tal de subirse al carro del poder, les dan hasta el culo. Contemplar como un fascista ha alcanzado la vicepresidencia en CyL para insultar a una persona minusválida, indigna, pero quienes lo han permitido, miran para otra parte y lo volverán a hacer.

Contemplar como los herederos del fascismo que sufrimos durante cuarenta años, vuelven a las andadas sin haberlas abandonado nunca, hace que renazcan sentimientos que tampoco se habían marchado nunca. Van a reunirse con otra alimaña que gobierna Hungría. ¿Pero cómo es posible que un pueblo que sufrió la ocupación alemana y soviética durante tantos años, sea tan ultraderechista y fascistón? Incomprensible pero no inexplicable. Tampoco hace falta alejarse, aquí tenemos la prueba de que esa jauría, que en sus genes lleva el asesinato por bandera -no olvidar que los militares retirados o no, aspiran a eliminar a 25 millones de hijos de puta- es votada y aplaudida por los otros millones de neandertales patrios. (Debo pedir perdón a los neandertales, eran más inteligentes pero no pudieron evitar ser eliminados por el homo burrus que domina hoy el planeta)

Contemplar como los diputados respetan a una fulana que los insulta y desprecia, sin que el Parlamento arda por los cuatro costados, hace perder toda esperanza en que las cosas van a ir mejor en un futuro. Pobres andaluces, los que no la jaleen; que habrá millones de muertos de hambre gritando: "Vivan las caenas". Solo allí pudo triunfar un personaje tan siniestro como Queipo de Llano. Como premio a los miles de asesinatos cometidos, ese "santo" varón está enterrado en la Macarena de Sevilla.


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