Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

domingo, 5 de junio de 2022

STOLEN DREAMS

Nos han robado los sueños. Sí, en el pueblo nos hemos quedado sin el vetusto edificio en el cual transcurrieron nuestra niñez, juventud y comenzamos a soñar despiertos. Fue durante muchos años, hasta que murió la tía Carmen, tienda, bar, café, baile, fragua... el centro de la vida social del pueblo. La de veces que habré comprado "un cuarterón y un librillo" para mi padre. O un Okal, para el dolor de muelas o cabeza. Alguna vez me ocurrió que a mitad de camino no sabía lo que debía comprar ¡Qué cabeza de chorlito!

Cuando éramos mocosos que no hacíamos gasto e importunábamos a los clientes del baile, el tío Irineo, (el tío Mininas), salía por la puerta de la fragua y nos pillaba in fraganti sin posibilidad de escapatoria, nos freía a pescozones el muy traidor. El café donde los mayores jugaban al giñote, subastao o la brisca, estaba en el piso superior. Un día, al intentar subir las escaleras para acceder a él, bajaba el señor maestro, un tirano al que hoy lo asarían a palos como él nos trataba a nosotros, y se me ocurrió decir "otro" sin percatarme que era él. Sin remedio me cayeron dos guantazos para espabilar. No, no le guardo excesivas simpatías, fue muy cruel con sus alumnos. Emigró a Zaragoza con su pléyade de hij@s y al parecer le echaron enseguida el alto respecto al maltrato a los alumnos.

En la planta baja donde se bailaba, los comediantes que hacían giras por los pueblos, montaban sus escenarios. En una ocasión vino una compañía fantástica. ¡Qué bien trabajaban! El Médico a Palos o Don Juan Tenorio fueron dos obras inolvidables. Y una niña de la cual me enamoré, cosa normal en mí, que cantaba la canción "Ni se compra ni se vende" con una gracia y un arte que te dejaba con la boca abierta. No me duró el enamoramiento como a Sabina, pero uno de los miembros del clan se había unido por amor a otra artista de la compañía.

Mención especial merecen las sesiones de cine que de forma intermitente, como las comedias, disfrutábamos en el patio del baile. Allí cada uno iba con su silla si quería estar sentado durante las proyecciones. Al descanso, la rifa obligatoria de una botella de brandy Veterano, comprada en la tienda,  para sacar alguna perrilla extra. ¡Cuánto bien hicieron aquellos trashumantes del arte por las gentes que en aquellos tiempos permanecíamos prácticamente aislados!

Más adelante, con más años y más sueños, cada cual forjó su futuro sentimental entre aquellas paredes. Y esos son los sueños robados o perdidos. Quizá las dos cosas. En mis fantasías oníricas nocturnas, viajo hasta esa vieja casona en busca de aquellos sueños robados o perdidos, los cuales, como no necesitan nada que físicamente los sustente, seguirán fluyendo cuando quieran pues la mente es una parte de nosotros cuya vida se desarrolla al margen de nuestros deseos o necesidades y en la mayoría de los casos, para jodernos de nostalgia la vida al día siguiente.

Hoy, el ayuntamiento ha comprado esas casas que ya estaban semiderruidas, las he demolido y parece ser que quieren hacer allí una nueva Casa Lugar y un albergue. La casa antes mencionada, no le pertenecía al herrero, era de unos parientes que siempre han vivido en Madrí. El hijo del herrero, antes de gastarse una fortuna en rehabilitar el edificio ha preferido hacerse una casa de una planta en un solar de su propiedad. Tres casas habitadas cuando yo era niño, hoy deshabitadas y demolidas. Dentro de poco irán las demás, cuando nosotros partamos.

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