Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse.

sábado, 1 de enero de 2022

2022

 Anoche, al filo de las campanadas que no seguí ni escuche en parte alguna, escribí un post que es muy posible que lo originara alguna mosca que sobrevolaba el espacio aéreo de la habitación y que luego el o los destinatarios no tuvieran nada que ver con ese pensamiento primigenio. En todo caso los mantengo, aunque el motivo inicial se haya ido de rositas.